La pista de boliche tiene una longitud de 19 metros en la que debe hacerse correr la bola para derribar los 10 pinos de madera que se encuentran al final. El jugador cuenta con unas marcas que se encuentran a unos dos metros del inicio de la pista y de acuerdo con la marca en que se ponga la bola, será el lugar en el que esta impacte al llegar al final.

Cuando la bola no llega o se pasa del lugar de impacto que el jugador previó, deberá hacer corrección respeto de la marca, para que el siguiente tiro llegue a donde se pretende; pero es común en el bolichista inexperto, que haga lo que en el argot se conoce como “corregir de más”, así se elige mal el punto de marca por donde debe pasar la bola y esta se desvía de más en la dirección que pretendía el tirador.

Esa situación es tan común a la naturaleza humana que la observamos en muchos aspectos de la vida; estimo que la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos es un claro ejemplo de esta situación, los grupos conservadores dominantes de ese país, se encontraban ofendidos por la llegada de un hombre de ascendencia afroamericana a la presidencia y corrigieron, lo que muchos consideramos que fue demás, pues llegó al puesto, un hombre que se ha caracterizado por sus posiciones extremas, poco razonadas y racistas, cuyas consecuencias las está sufriendo el pueblo norteamericano y muy en especial las minorías que han sido objeto de ataques provocados por un discurso de odio que encuentra tierra fértil en la ignorancia.

Pero ahora quiero alejarme de esos temas que nos causan escozor y comentar sobre una buena noticia, el uso de la mariguana es legal a partir del primer día de este año en el Estado de Illinois, aunque parece ser que los chicaguenses “corrigieron de más”, pues los establecimientos destinados para la venta de ese producto vieron agotada su existencia a los 5 días de haber abierto y ahora han tenido que cerrar a la espera de que se les resurta la mercancía.

Hay algunas conclusiones que pueden sacarse de ese hecho: la gran mayoría de las personas que compraron mariguana estos días, eran ya consumidores de la misma, pues la desmesurada demanda de la droga no se explica de otra manera y, con anterioridad, la adquirían en el mercado negro, de donde se observa que la legalización implica un buen golpe al mundo de los criminales que han venido viviendo de la venta de esa droga.

Pero para mi, como mexicano, eso es una muy buena noticia, pues la desmesurada sed de los norteamericanos por las drogas se nutre de la sangre de más de 160 mil personas que han muerto en México, como nunca se había visto en tiempos de paz y esto debido a que el problema de las drogas ha tenido un enfoque criminal, que ha llevado a tratar al adicto como a un delincuente y no como a una persona enferma.

Es indudable que el problema de las drogas debe enfocarse principalmente como una situación de Salud Pública y no desde el punto de vista criminal, pues los son, con mucho, más los drogadictos que los traficantes que les surten la droga, quienes si merecen ser tratados como criminales por provocar el consumo de las sustancias adictivas.

El que la drogadicción sea tomada por el Estado como una situación que requiere de tratamiento de rehabilitación al adicto y no de castigo en la cárcel, tiene muchos beneficios, pues la distribución y consumo de las drogas bajo control de las instituciones públicas lleva al conocimiento del problema y, por consecuencia, a la planeación de políticas para su combate y por otro lado también permite recaudar impuestos que se pueden destinar al combate a la actividad de los narcotraficantes y al tratamiento de los adictos.

Lo sucedido en Chicago es una clara muestra del desconocimiento sobre la magnitud del consumo de mariguana en la población, pero es el inicio a la solución al grave problema que representa el mundo de las drogas; es indudable que algunos criminales se quedarán sin negocio o tendrán que dedicarse a otra cosa y esto repercutirá en una disminución de la violencia que el mundo de las drogas ilícitas ha traído a México.

Es un pequeño paso, pero creo yo en la dirección correcta.

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