El caminar por el Barrio de “La Villita”, en la ciudad de Chicago, me hace sentirme orgulloso de lo que han logrado mis compatriotas mexicanos que han emigrado a esa ciudad. El progreso y el trabajo son evidentes en cada cuadra: negocios florecientes que en muchos sentidos buscan crear una identidad cultural, un restaurante de pollo asado, una tienda de vestidos para quinceañeras, una tienda de abarrotes, al más puro estilo de antaño y la gente que circula por las aceras ocupada de sus negocios.

No dejan de causarme admiración ejemplos de constancia y esfuerzo, como el de aquel hombre que con escaso bagaje cultural, pero mucha decisión y esfuerzo, logró establecer un restaurante al que han acudido grandes personajes de la vida norteamericana, o aquel otro que ha logrado crear una cadena de supermercados destinados principalmente a la gente hispana. Imposible hacer a un lado la solidaridad de los compañeros que con sus contribuciones lograron darle una vida digna al “Paletero de La villita”.

Alguien me comentó, en alguna ocasión, que este barrio, es el segundo que más contribuciones paga a la ciudad de Chicago y no me extraña, pues representa el ejemplo de una comunidad migrante, que es útil hacia la sociedad que le recibe. ¿Cuantas “Villitas” no se encuentran dispersas a lo largo y ancho de los Estados Unidos? Estas reflexiones y la lectura de un estudio de Maritza Sobrados León, me ha llevado a pensamientos que deseo compartir con mis amables lectores.

La ciudadanía es un status jurídico político, mediante el cual, al individuo se le atribuyen una serie derechos y obligaciones, en los ámbitos político, social, civil y laboral.

Tradicionalmente este concepto se ha vinculado con el de nacionalidad, en el que al individuo se le atribuye la pertenencia a ese status sociológico, legal y político, pero sobre todo cultural, que es considerado como nación.

La calidad de ciudadano, desde la segunda mitad del siglo pasado, se ha extendido; así se han reconocido a las mujeres derechos que antes les eran negados y otros grupos minoritarios, como las personas con capacidades diversas y los grupos LGTB, han entrado en un proceso de dignificación a través del reconocimiento de sus derechos.

La migración, en el mundo actual, es un fenómeno constante en todas las sociedades, en que la participación ciudadana, se separa cada vez más de la idea de nacionalidad y plantea la necesidad de aperturas hacia otras culturas, lo que lleva obliga a un cambio de paradigmas, hacer a un lado lo establecido para incluir en nuestro diario vivir nuevas formas de pensar, hablar, etc.

Las ideas nacionalistas vuelven excluyente a una sociedad, privándola de los beneficios de la diversidad y la fusión de culturas que le enriquecen, marginan a los grupos culturales diversos a la etnia nacionalista y crea diferencias sociales que llevan al estallamiento de conflictos.

Es por esto que no se puede establecer una política de carácter étnico/nacionalista, en una sociedad de alto flujo migratorio y el concepto de ciudadanía debe renovarse hacia una universalidad de los seres humanos y los derechos de estos que son también universales, pues forman parte de la persona, con independencia de sus rasgos físicos o concepciones culturales.

No pueden verse a los flujos migratorios desde un punto de vista simplista de fuerza laboral, puesto que estos grupos, naturalmente, seguirán la tendencia de cualquier ser humano, de buscar el respeto a su dignidad y, por ende, terminarán reclamando el reconocimiento de derechos laborales, sociales, económicos y políticos.

No puede soslayarse que la multiculturalidad siempre estará presente en los países con alto flujo migratorio y esto lleva a sopesar las políticas excluyentes y analizarlas para constatar si en realidad no son otra cosa que un estorbo al progreso de las sociedades y por consecuencia la necesidad de transformar el concepto de ciudadanía que se sustenta en criterios étnicos y nacionalistas, hacia otro más abierto en donde la idea de estatus de ciudadano se establezca más en conceptos como la inserción del individuo dentro de la sociedad, tanto desde el punto de vista de su permanencia física y territorial, como en la contribución que, a través de su trabajo y cooperación con la comunidad, lleva a esta.

La idea tradicional de ciudadanía que se basa en el dualismo de lo externo y lo interno, entendiendo por lo primero a lo que corresponde al Estado Nación y por lo segundo aquellos que esta fuera de dicho concepto, establece un trato de diferenciación, que lleva a las exclusiones sociales. Una nueva idea de ciudadanía, debe alejarse de ese dualismo, para reconocer las diferencias que se presentan en los grupos sociales debido a los fenómenos migratorios y la aceptación y preservación de estas diferencias. Es así como se puede lograr la homogeneidad en las sociedades de fuerte migración.

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