El periodista español Julio Camba dijo que el periodista se parece al calamar en dos cosas: la primera es que puede cambiar de color a voluntad y la segunda es que ambos se defienden con la tinta, y me pregunto si esta expresión es válida en México.

¿Es la tinta un arma que permite al periodista defenderse contra los ataques que en su contra o de su profesión se realizan o esos elementos se han vuelto en contra del periodismo y convertido en una toxina que envenena la tan necesaria libertad de comunicación y mata a aquellos que en el ejercicio de esta pretenden permanecer libres y apegados a la verdad?

Tinta que envenena como en el libro de Umberto Eco “El Nombre de la Rosa” en que un monje celoso de quienes adquirían conocimientos de los libros les daba a leer un tomo cuya tinta estaba impregnada del veneno, mensajero de la muerte.

Es ahí donde me surge la duda ¿Qué tanto se aplica en México la comparación de Camba? o ¿qué tanto la inventiva literaria de Eco?

Creo, con tristeza, que la respuesta se inclina en mucho por la segunda opción.

La organización Artículo 19 ha expresado su malestar por lo que está sucediendo en México respecto al periodista Carlos Loret de Mola en relación con los ataques del presidente López Obrador quien se refirió al comunicador como un “mercenario, golpeador, corrupto, en el sentido estricto: ni siquiera es periodista” y más adelante expresó que el periodista carece de autoridad moral por sus ganancias.

En la pantalla que utiliza en sus conferencias de la mañana el presidente exhibió datos de supuestos ingresos del periodista a lo que la organización internacional menciona:

“ARTICLE 19 ve con grave preocupación los hechos aquí descritos dado que, al exponer los presuntos ingresos de Carlos Loret de Mola, las acciones del presidente transgreden la esfera jurídica de la privacidad, exponen presuntos datos personales, estigmatizan la labor periodística y violentan estándares internacionales de libertad de expresión.”

Pero ese ataque personal a Loret de Mola, solo es un reflejo de lo que está pasando en México con el ejercicio del periodismo, pues en lo que va del año han matado a 5 periodistas, convirtiendo a ese país como uno de los más peligrosos en el mundo.

Albert Hootsen, representante de la organización Comité para la Protección de Periodistas CPJ, por su siglas en inglés, mencionó que este escenario en México no tiene paralelo.

Pero el problema que se presenta en México es que el menosprecio hacia la labor del periodista se promueve desde la propia presidencia cuando todos los días López Obrador ataca a los medios que emiten noticias que no le satisfacen y trata a estos comunicadores con términos ofensivos como mercenarios, chayoteros, mentirosos, vendidos, corruptos y más calificativos que promueven un fuerte desprecio hacia la labor del comunicador.

Desde la cúspide de la pirámide se promueve el desprecio hacia quienes ejercen la libertad de prensa y se derrama hacia abajo un mensaje implícito de violencia que puede pasar de los insultos a los hechos como está sucediendo.

Pero esta vez el fanfarrón de palacio se pasó de la raya pues al atacar a Loret de Mola lo está haciendo también a uno de los periódicos más influyentes del mundo el Washington Post, para el que trabaja este comunicador y esto puede tener consecuencias serias.

Es triste tener que repetir las palabras que he expresado antes en el sentido que desde el ejercicio del poder público que estigmatiza el actuar periodístico y promueve una censura previa que tiende a provocar la inhibición en los medios de comunicación y los periodistas, con la evidente intención de reprimir la exhibición del mal actuar gubernamental y, por tanto, atacar el uso de una prensa libre y crítica, indispensable para toda democracia.

El alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, desde hace cinco años, ha utilizado una frase que representa mucho el sentir de los organismos internacionales respecto a la falta de voluntad en el gobierno mexicano para modificar la situación que se vive, mencionó “… en lugar de matar al mensajero, enfoquémonos en el mensaje”.

Conforme a mi interpretación la expresión tiene un trasfondo que va mucho más allá de un significado literal: en la antigüedad cuando un rey o líder militar que ejercía el poder con tiranía recibía noticias desagradables, ordenaba matar a quien le había llevado el mensaje que le había causado disgusto.

Pasando la anterior reflexión a la función social que deben cumplir los medios de comunicación y los periodistas, que implica un compromiso con la verdad que permita a la ciudadanía ejercer la democracia en conciencia y conocimiento, podemos comparar al periodismo crítico con ese mensajero de las malas noticias y a la actitud del presidente mexicano con el líder despótico que manda matar al mensajero para no escuchar la verdad que le disgusta.

Así en México, la tinta del periodista se ha convertido en un veneno que mata al comunicador y la libertad de información.

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