Millones fuimos testigos, a través de las redes sociales, del esfuerzo de esa persona que, en pleno aguacero y con el agua a la cintura, avanza empujando su bicicleta con el objetivo de entregar un pedido, al parecer, de comida. El sonido de la lluvia cayendo y las luces de los autos que iluminan la escena, esa noche, en la ciudad de Nueva York, dan un tono onírico como su fuese un mal sueño.

El video fue tomado por un fotógrafo profesional, Johnny Miller quien, evidentemente impresionado por la voluntad y el esfuerzo del mensajero, hizo un acertado comentario: “Viendo a este tipo empujando su bicicleta y pasando entre gente sentada cómodamente en sus mercedes, para hacer una entrega de comida china, me revolvió el estómago… Algunos tenemos el privilegio de dejar de trabajar durante un desastre, pero a otros no les es concedido…”

El amigo de la bicicleta va con un impermeable que le cubre totalmente, incluyendo el rostro, por lo que, en el video no se puede observar su origen, pero tengo la fuerte impresión de que es un inmigrante latino.

Sustento lo que digo porque a través de los años y por mis experiencias en los barrios latinos, sobre todo de la Ciudad de Chicago, he sido testigo personal o he conocido de segunda mano, los esfuerzos que nuestros compatriotas realizan para salir adelante, en un país donde todo lo tienen en contra.

Empezando por aquellos a los que sus países de origen no les han dado la posibilidad de tan siquiera obtener un pasaporte que les permita entrar sin peligro a Estados Unidos y tienen que arriesgar su vida en un recorrido de constante riesgo, desde las dificultades para trasladarse en el territorio mexicano, hasta tener que enfrentar a autoridades corruptas o grupos criminales que les secuestran y al llegar a la frontera, de nueva cuenta, tener que tratar con los polleros que desde hace muchos años están controlados por los grupos criminales que operan en las fronteras y se dedican además a otras actividades como el narcotráfico, la trata de blancas, el contrabando de armas y muchas más. Si el migrante logra superar todos esos obstáculos, estará en territorio de Estados Unidos.

En este país seguirán las dificultades, se encuentra con una explotación laboral de bajos salarios y largas jornadas, comparados con los de otros grupos; una lengua que desconocen; una cultura distinta; la continua discriminación y el tener que vivir en la clandestinidad, por temor a la deportación y ver tirados por la borda todos sus esfuerzos, que, en muchas ocasiones, implica el que las familias se vean separadas.

El viacrucis no termina ahí, pues muchos de estos migrantes han dejado familiares y personas queridas en sus países de origen y tiene compromiso con ellos para ayudarles a sobrellevar las precarias situaciones en que viven y en estas condiciones se ven en la necesidad de enviar parte del producto de sus esfuerzos a sus familiares que han dejado en el país de origen, lo que les obliga a vivir también en situaciones de escasez, hacinados con otros compañeros o familias para reducir sus costos de rentas y servicios.

Así que, si vemos a un hombre que, bajo condiciones climáticas extremas, arriesga su vida, para ganarse unos cuantos dólares, como sucede en el caso que comentamos, lo más seguro es que sea un migrante que no puede dejar de trabajar pues cada dólar que gana tiene que ser utilizado para que sobrevivan él y sus seres queridos.

En esta otra escena, el individuo, está vestido con un traje negro de buena hechura y tela de calidad, camisa blanca y corbata roja, claro, de diseñadores de marca, parado en un atril de finas maderas. Tras de él se encuentra la bandera mexicana y junto a esta un cuadro de tres metros de altura, que representa al expresidente Benito Juárez, rodeado de un marco con lámina de oro.

El lugar: Palacio Nacional, uno de los lujosos salones con que cuenta y en donde vive este sujeto que, en su perorata, presumió que las remesas de los migrantes mexicanos, han tenido un récord histórico y en su afán de hacerse simpático y pueblerino utilizó la frase “tengan para que aprendan”, refiriéndose a los gobiernos anteriores.

Esas remesas no pueden ser motivo de orgullo para ningún mexicano, por el contrario, deben ser motivo de vergüenza pues son la clara muestra que no hemos podido construir un país que dé oportunidad de una vida digna a decenas de millones de nuestros compatriotas y para aquel que se jacta del crecimiento de envíos como un logro o es un ignorante de lo que pasa con nuestros compatriotas migrantes, o es un cínico al que no le interesa construir un mejor país.

Hay una buena noticia: el fotógrafo Johnny Miller de quien hablamos antes busca al hombre que entrego el pedido en plena tormenta para compensarle con 1700 dólares, por lo que, si alguno de mis pocos y apreciados lectores sabe de él, por favor avísele, lo puede contactar a través de la cuenta de Twitter @UnequalScenes.

Sus comentarios son bienvenidos a mullerod@hotmail.com

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