La diligencia viajaba por el camino de Saltillo a Monterrey; entre los pasajeros se encontraba un joven que no superaba los 20 años y vestía una camisa blanca con un sobretodo negro de faldón largo que llegaba a medio muslo y pantalones del mismo color, típico atuendo del seminarista de aquella primera mitad del siglo XIX en México. Sorpresivamente, un grupo de jinetes les hizo el alto, eran bandoleros que exigieron a los pasajeros entregaran sus pertenencias. El joven seminarista, de entre sus ropas, sacó un arma y disparó a quemarropa al jefe de la banda, los demás bandidos, al ver caer a su líder, huyeron del lugar sin más. Los viajantes no daban crédito a lo que acababan de ver, un joven seminarista con la sangre fría necesaria para enfrentar de esa forma a una gavilla de criminales.

Este relato lo hace el historiador neoleonés Rodolfo Arroyo del Llano al referirse a quien, años después, se convertiría en el estratega que logró la derrota de las tropas francesas en la ciudad de Puebla en México, el 5 de mayo de 1862, el militar Ignacio Zaragoza Seguín.

Según comenta el historiador Antonio Guerrero Aguilar, el padre de Ignacio, Miguel Zaragoza Valdés, militar de carrera, fue enviado a Texas en 1825 con el objeto de pacificar a los colonos rebeldes que pretendían la creación de una república independiente de México. Fue en ese tiempo que conoció a su esposa, María de Jesús Seguín, con quien procreó tres hijos, uno de ellos Ignacio, quien nació en 1829, en la población Bahía del Espíritu Santo, en lo que es ahora Goliad, Texas.

Los esfuerzos de México, por evitar la separación del territorio de Texas, fueron infructuosos; esto obligó a la familia Zaragoza a trasladarse a Matamoros, en el actual estado de Tamaulipas, y posteriormente a la ciudad de Monterrey, en donde el joven Ignacio fue inscrito en el seminario, donde solo duró dos años, pues se inclinaba más por la carrera de las armas.

Para 1852 tenía el cargo de capitán en la Guardia Nacional. En ese tiempo existían en México dos corrientes bien definidas de pensamiento sobre lo que debía ser el gobierno del país: Los liberales, quienes apoyaban a la república, y los conservadores, que preferían un gobierno más conservador. Esta división provocó luchas internas y el movimiento que hoy es conocido como la Guerra de Reforma.

Zaragoza siempre se identificó con la corriente liberal y, a favor de esta, peleó en varias batallas destacándose por su valentía y capacidad de mando, lo que le valió en 1855 obtener el grado de coronel. La Guerra de Reforma se definió en la batalla de Calpulalpan, el 22 de diciembre de 1860, donde Zaragoza tuvo una valiosa intervención, atacando el flanco derecho del ejército conservador que era dirigido por Miguel Miramón, quien, después de la derrota, se refugió en Francia donde promovió, junto a otros conservadores, el establecimiento de un gobierno extranjero en México, lo que fructificó en la llegada del archiduque austriaco Maximiliano a México.

La Guerra de Reforma había vaciado las arcas del gobierno y el presidente Benito Juárez se vio obligado a suspender el pago de las deudas que se tenían con Inglaterra, España y Francia, países que se unieron para intervenir a México y cobrar los créditos. Enviaron buques de guerra que fondearon en el puerto de Veracruz. Juárez utilizó la diplomacia y logró que se prorrogara el plazo del pago, lo que hizo que los barcos españoles e ingleses volvieran a Europa, pero las intenciones de Francia, gobernada en ese tiempo por Napoleón III, eran otras, pues se habían aliado con los conservadores mexicanos para implantar un gobierno controlado por el país europeo. Fue así que las tropas francesas desembarcaron en el puerto mexicano e iniciaron su avanzada hacia la capital del país.

El 5 de mayo de 1862, los ejércitos mexicano y francés se enfrentaron en las afueras de la ciudad de Puebla, el primero dirigido por Ignacio Zaragoza y el segundo por Carlos Fernando Latrille, siendo derrotado este último, que tuvo que retirarse con sus tropas a la ciudad de Orizaba y esperar la llegada de refuerzos.

Zaragoza moriría en septiembre de ese año, debido a la fiebre tifoidea, pero su triunfo sobre el ejército invasor dio tiempo al gobierno de Juárez para consolidarse y lograr más adeptos. El 10 de junio de 1863 las tropas francesas pudieron entrar a México, pero el presidente Juárez había logrado rescatar buena parte de los archivos del gobierno y con ellos y sus seguidores iniciaron un viaje al exilio para recuperar la capital del país cuatro años después.

El 5 de mayo, los mexicanos festejamos el triunfo de las tropas mexicanas sobre las francesas en los cerros de Puebla, esto no impidió que los designios de los conservadores y Napoleón III se cumplieran, pero sí dio el tiempo suficiente para que el gobierno liberal de Juárez se fortaleciera y pudiera volver. Fue Ignacio Zaragoza el principal artífice de esa batalla, por lo que estas sencillas líneas se escriben en la memoria del texano que luchó por México.

—Oscar Müller Creel es doctor en Derecho, catedrático y conferencista. Puede buscar sus videos en YouTube a nombre de Oscar Müller Creel, leer sus columnas todos los lunes en el periódico VíveloHoy de Chicago o los domingos en el Heraldo de Chihuahua. También puede escuchar los podcast de sus participaciones en radioclaretamerica.com

Share this:

Comentarios

Comentarios