En las primeras hojas de una edición de El Quijote del año 1605 se observan las siguientes frases:

“…por parte de Miguel de Cervantes nos fue hecho en relación de un libro titulado el ingenioso Hidalgo de la Mancha pidiendo licencia para poder imprimirlo… acordamos licencia y facultad… Juan Gallo… escribano de la cámara, por nuestro mandato vio y corrigió dicha impresión en la que quedaron impresas las erratas por el publicadas…”

Es una parte de la autorización que dio la Corona Española para que se pudiese publicar la obra maestra de las letras españolas.

En ese tiempo cualquier cosa que fuese impresa debía pasar primero por la censura de la corona.

La libertad de expresión, aunada a su gemela la libertad de prensa, en la época moderna, nacieron por el río de sangre que provocó el levantamiento de las revoluciones contra las monarquías y es una conquista que a nuestros antepasados costó mucho y en la actualidad pretende ser anulada por quienes ejercen o pretenden ejercer el poder de forma absoluta.

Recuerdo la imagen de Angélica Rivera en ese video que subió a las redes sociales y en el cuál pretendía dar explicación al escándalo de la Casa Blanca surgido de un reportaje elaborado por Daniel Lizárraga, Rafael Cabrera, Irving Huerta y Sebastián Barragán y difundido por Carmen Aristegui; en el cuál descubrieron como la entonces esposa del presidente de México, Enrique Peña Nieto, trataba de explicar el origen de esa lujosa mansión con un valor de 86 millones de pesos. El reportaje planteó argumentos en contra de las derivaciones de corrupción de ella, su marido y el constructor Juan Armando Hinojosa y fue el inicio de la caída del gobierno de Peña Nieto y del Partido Revolucionario Institucional, como fuerza política en México.

Un escándalo muy parecido ha surgido en el gobierno de López Obrador, ahora se trata de la Nuera y el hijo de aquél, José Ramón.

El escándalo fue exhibido por el medio de comunicación Latinus y la organización civil Mexicanos Contra la Corrupción y difundido ampliamente en los medios de comunicación y en las redes sociales; se habla de cómo el hijo del actual presidente mexicano estuvo habitando, junto a su esposa, una casa de lujo entre los años 2019 y 2020, que se encuentra registrada a nombre de un directivo de una empresa que tiene contratos multimillonarios con la petrolera mexicana PEMEX.

También se exhibe el lujo de la propiedad en la que vive actualmente el hijo del presidente esta se encuentra ubicada en un fraccionamiento cercano a Houston Texas en donde las casas tienen valores que fluctúan entre los 12 hasta 18 millones de pesos y también se evidencia como el hijo del presidente utilizan una camioneta de lujo que vale un millón y medio de pesos, lo que vale una propiedad de clase media en México.

Como es sabido el presidente López Obrador de lunes a viernes se toma entre 2 o 3 horas de su tiempo en un ejercicio que a los mexicanos nos ha costado más de 30 millones de pesos, que es conocido como “Las Mañaneras”; una vez que se dio a conocer la investigación periodística los ataques no se hicieron esperar.

Respecto al periodista Loret de Mola el mandatario mencionó que “…es un mercenario al servicio de la mafia del poder” y lo criticó por dos intervenciones periodísticas en las que intervino en el pasado. No desaprovechó la oportunidad para atacar a otro de sus detractores, el comunicador Brozo, de quién mencionó que recibía mucho dinero de los enemigos de su Gobierno.

Pero lo anterior no bastó y en una segunda respuesta volvió a atacar al periodista y exhibió los supuestos ingresos que tuvo durante el año pasado por 35 millones de pesos y amenazó con pedir más información, sobre la empresa que maneja el periodista “Latinus”, al Sistema de Administración Tributaria (la autoridad que se encarga de recaudar impuestos en México), en una evidente actitud de intimidación hacia el periodista.

En respuesta, el comunicador refirió que el presidente de México pretende usar todo el poder del Estado contra el periodismo crítico, lo que representa un grave peligro para los comunicadores.

Esto no fue bien recibido por el gremio comunicador mexicano y muchas voces se levantaron, entre otras la de Carmen Aristegui, quien denunciara el anterior escándalo de la Casa Blanca del presidente Peña Nieto. López Obrador la atacó refiriendo que ella estaba coludida con el periodista Loret de Mola; en su respuesta Aristegui refirió que lo que pretende el presidente es “…aniquilar las voces de los periodistas críticos”.

Los defensores del presidente mexicano, además del desastrado argumento que “los otros eran peores”; pretenden defender la agresiva actitud de este, mencionando que se trata del ejercicio del derecho de réplica, lo que es incorrecto.

En efecto, La Real Academia de la Lengua Española, define a la réplica en los siguientes términos: “Instar o argüir contra la respuesta o argumento” y “Responder oponiéndose a lo que se dice o manda” y la ley en México establece este derecho como: “El derecho de toda persona a que sean publicadas o difundidas las aclaraciones que resulten pertinentes, respecto de datos o informaciones transmitidas o publicadas por los sujetos obligados, relacionados con hechos que le aludan, que sean inexactos o falsos, cuya divulgación le cause un agravio ya sea político, económico, en su honor, vida privada y/o imagen.”

Puede observarse que el derecho de réplica es exponer argumentos que desmientan aquello que se dice de una persona, a través de otros razonamientos que permitan determinar que lo que se ha dicho es inexacto o falso.

Pero el presidente mexicano no ha desmentido la información que se ha dado sobre su nuera y su hijo, sino que se ha dedicado atacar a los comunicadores que han exhibido las fallas de su Gobierno y las contradicciones entre el decir y el hacer de quién representa a todos los mexicanos.

¿Se acuerda mi apreciado lector de las “lagrimas del perro”? Quizá alguno de ustedes no haya vivido esa época de 1982, cuando el entonces presidente José López Portillo, para muchos de infame memoria, rindió su último informe y terminó dando una estocada a la economía y a los empresarios mexicanos al nacionalizar la banca.

En aquella época López Obrador formaba parte de esa estructura del poder que tendía sus telarañas desde el Partido Revolucionario Institucional y tal vez ahora que forma parte de una nueva estructura de poder, tenga que repetir lo que López Portillo cínicamente mencionó frente a las críticas que se le hacían por beneficiar a su hijo, también llamado José Ramón:

El orgullo de mi nepotismo

Share this:

Comentarios

Comentarios