La pobreza habitacional se relaciona con la falta de capacidad de las personas y familias para tener un espacio físico propio en el que puedan convivir y subsistir, es decir en el que se puedan desarrollar como seres humanos; este fenómeno se encuadra dentro de la marginalidad social, quienes sufren de pobreza habitacional son generalmente grupos segregados del común de la sociedad.

Todas las personas tenemos un derecho elemental: la búsqueda de la felicidad y esto es algo indiscutible, pero uno de los primeros obstáculos a esto son las carencias materiales y no me refiero a aquellas que las personas que consideran como ingresos regulares, el obtener un artículo de moda, tal vez el último I Pod, un coche de cien mil dólares, un reloj de marca o el poder beber una botella de vino francés.

Las carencias a que me refiero son aquellas indispensables para el ser humano como el poder llevar alimento a la boca día a día, el tener acceso a servicio médico y medicinas o a la educación o el tener un espacio propio para desarrollarse en lo personal y como núcleo familiar.

Estos elementos tan básicos son necesarios para que el ser humano pueda alcanzar un mínimo de bienestar e iniciar su camino hacia el logro de ese derecho elemental que es la búsqueda de la felicidad.

Era esto lo que me explicaba el joven arquitecto Juan Carlos Loyo en la instructiva plática que sostuvimos hace algunos días en la ciudad de México. Este joven arquitecto me dio a conocer su punto de vista sobre la función de la arquitectura -la gran mayoría de los egresados de la carrera de arquitectura, pierden la noción de «qué» y «para qué» de su profesión. Desde el ingreso a la universidad, su interés es trabajar para un gran despacho de arquitectos y dedicarse a la construcción de edificios monumentales o lujosas mansiones, olvidándose que la esencia de la arquitectura es el manejo de los espacios para el bienestar del ser humano-.

A medida que transcurría la charla, mi mente se iba abriendo hacia los conceptos de Juan Carlos, su visión es humanista, y plantea una propuesta en la que todos tengan esos espacios y que la gente con fuertes carencias pueda acceder, a base de sus propios esfuerzos y un mínimo de ayuda, a la oportunidad de satisfacer su más elemental necesidad de vivienda digna.

México, Centroamérica y muchas otras regiones del mundo sufren de una apabullante pobreza habitacional, en ocasiones derivada de la de las carencias económicas, pero en otras por los intereses políticos, mercantiles o criminales que no desean el progreso de las comunidades, para así poder controlarlas en su propio beneficio.

Aunque también la pobreza habitacional deriva en muchas ocasiones de la falta de conocimiento de las personas sobre el hecho que a través de los elementos propios del terreno que poseen, pueden edificar en el espacios habitacionales dignos y funcionales y con un mínimo impacto hacia el medio ambiente, esto lográndolo con el esfuerzo propio de la comunidad y un pequeño gasto que reduce los costos del método de construcción de más de cien dólares a menos de quince por metro cuadrado.

Frente a esta situación, Juan Carlos y un grupo de jóvenes arquitectos, Sara Márquez de la Universidad politécnica de Madrid, Amaya Barrera y Teresa Morán de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, y principalmente asociándose con las personas de las comunidades en las que trabajan y estudiantes de arquitectura que les ayudan en sus vacaciones de verano, cooperan con la filantrópica labor de llevar el conocimiento de construcción barata y sostenible a las comunidades pobres.

A través de este proyecto han logrado construir viviendas y espacios dignos y sobre todo han enseñado a la gente que esto se puede hacer con una su trabajo personal y muy poco dinero, respetando al medio ambiente y con elementos extraídos del mismo, esto en comunidades como Santa María de los Cocos en Querétaro; Zinacantán Chiapas, Izacar de Matamoros en Puebla, etc.

Juan Carlos me comentaba que en ocasiones esta labor no ha sido sencilla pues en las comunidades rurales se han encontrado con los intereses de los políticos de la región, grupos criminales e inclusive empresarios que ven en estas nuevas formas de construcción de bajo costo, enemigos para sus intereses económicos. Pero lo extraordinario es que el pundonor para enfrentar estas oposiciones ha brotado sobre todo de las mujeres de las comunidades las que con valentía se han opuesto a los obstáculos que procuran bloquear los esfuerzos de los jóvenes arquitectos para desarrollar los proyectos comunales y han puesto su mano de obra para lograr la construcción de casas o edificios de uso común.

La labor de este grupo liderado por Juan Carlos ha obtenido reconocimientos nacionales e internacionales pero poco o nulo apoyo del gobierno mexicano.

Es indudable que de grupos que brotan de la sociedad civil como el que se describe se encuentran los elementos que nos permitirán lograr un cambio sostenible y permanente en las sociedades inequitativas y con malos gobiernos, enhorabuena por este grupo de jóvenes arquitectos que con una verdadera vocación humanista están luchando a través de su profesión por lograr un mejor mundo.

Si te interesa conocer más sobre estos proyectos puedes visitar en Internet la página «Juan Carlos Loyo Arquitectura», en la dirección https://www.facebook.com/Juan-carlos-loyo-arquitectura-194273787345135/timeline?ref=page_internal o «Proyecto Vaca», en la dirección https://programavaca.wordpress.com/proyectos-vaca/

Videos de las obras comunitarias de estos jóvenes los puedes encontrar en

https://youtu.be/bcHRseVw9KM

https://www.facebook.com/194273787345135/videos/723261674446341/

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