Vivimos una era de información vertiginosa, el acceso a las noticias, fidedignas o no, se encuentra a la mano de cualquier persona, en un aparato que cabe en el bolsillo de la camisa. Las noticias se actualizan casi al momento y las redes sociales, trasmiten información de una forma que pareciera que una avalancha se nos viniera encima. Se trata de un acceso a la información que nunca se había presentado en la historia de la humanidad y las personas carecemos de capacidad para discriminar las noticias que nos llegan por la red.

Es por esto que toma especial importancia el papel de los medios profesionales de comunicación, pues estos actúan como un filtro que permite al hombre común recibir la información que ha pasado previamente por un proceso de selección y, a través del conocimiento al que así llega, formar opinión, la que al generalizarse adquiere el carácter de pública, es decir un juicio común de la sociedad sobre el conocimiento compartido.

La opinión pública es un instrumento muy poderoso en las sociedades democráticas, de ahí que los políticos tengan muy en cuenta este sentir de la comunidad; no en vano se realizan periódicamente encuestas sobre la aceptación de la función de algún político, lo que toman en cuenta para dirigir sus actividades en la función pública.

Es por lo anterior que, la libertad de los medios de comunicación un elemento esencial para la vida democrática de un país. Así fue entendido para aquellos que sentaron las bases de los gobiernos actuales, desde las Revoluciones de los Estados Unidos de América y de Francia. La Primera Enmienda de la constitución norteamericana establece la prohibición de leyes que restrinjan las libertades de religión, asociación, expresión y prensa y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, brotada del movimiento del país europeo, determina que “la libre comunicación de los pensamientos y opiniones es uno de los más valiosos derechos del hombre…”.

Pero la libertad de comunicación siempre tendrá enemigos, pues la crítica a la función pública no es recibida con buen talante y dado que el actuar de los políticos es un elemento del interés de todos, es a la actividad de estos a la que constantemente los medios atienden en su quehacer noticioso.

No en vano quien fuera editor en jefe de Times Inc. Henry Grunwald, en alguna ocasión expreso: “Incluso un gobierno electo democráticamente y benigno puede corromperse cuando la prensa independiente no vigila su poder”. Una prensa verdaderamente libre, es un celoso vigilante del actuar de los políticos y estos, ante el temor de verse exhibidos públicamente, encuentran un coto a la tentación de corromperse.

Es por eso que siempre habrá fricciones entre los medios de comunicación libres y quienes ejercen el poder a través de la función pública, a pesar que su trabajo lo hacen por encargo y para beneficio de la sociedad; pues la crítica justificada o no, es generalmente considerada por el político como un estorbo hacia el desempeño de su función; cuando precisamente, el trabajo que desempeñan tiene el carácter de público y son ellos quienes han optado libremente por ese camino, por lo que deben ser más tolerantes al escrutinio de su desempeño.

Esta lucha que se da entre prensa y políticos, hace que estos busquen formas de limitar el poder de aquella, lo que logran de muy diversas maneras, que van desde la ejecución de reporteros, hasta medios más sutiles como la compra de publicidad gubernamental. Pero en esta aportación quiero hacer mención de una en especial, que es la autocensura.

Se trata de una autolimitación que se crea el mismo medio o el periodista, en su libertad de informar, generalmente derivada del temor hacia las consecuencias que pudiera tener el trasmitir la información. Este temor es provocado por los agentes externos, quienes buscan de esta forma impedir que se publique aquello que les pueda llegar a incomodar. Por ejemplo, en México, la autocensura se provoca en aquellos medios que cubren noticias relacionadas con el crimen organizado, la muerte de un periodista de esa tendencia, provoca el comprensible temor de sus colegas de publicar información delicada sobre el tema.

Todos los días al leer la prensa, casi sin ser conscientes de ello, buscamos las noticias relacionadas con el gobierno y el actuar de los políticos, lo que obedece a que esto es material de evidente interés público. De ahí que los medios de comunicación tengan una fuerte dependencia de las agencias gubernamentales para obtener material de publicación.

¿Qué sucede entonces cuando el político le dice a un medio “a usted no le permito preguntar porque su medio es muy desagradable”? o ¿cuándo la prensa es atacada con epítetos como “publican mentiras”, “no dicen la realidad”, “solo pretenden atacarme”, “son deshonestos”? o ¿cuándo un periodista es sacado por la fuerza de una rueda de prensa, por haber efectuado una pregunta incómoda?

Ante esta situación, la necesidad de la prensa de acceder a las noticias gubernamentales ¿provocará autocensura?

Creo que mi estimado lector ya habrá notado que esta columna tiene un viso de autocensura.

Crédito de la Imagen: Libertad de Prensa Organización de las Naciones Unidas

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