Aquellos tres individuos, sentados sobre taburetes junto a la mesa de madera de aquel bar londinense, tenían frente a sí sendas tazas que contenían ese líquido marrón que unos cuantos años atrás había llegado a Europa procedente de los países árabes.

Hablaban con entusiasmo, en parte provocado por el café que ingerían, de la idea sobre el contrato social propuesta por el filósofo inglés Tomas Hobbes, según la cual los hombres por naturaleza, nacemos en plena libertad, pero la necesidad de unirnos nos hace renunciar a una parte de nuestra libertad, para formar un gobierno, ideas no muy bien vistas por quienes en ese tiempo apoyaban a las monarquías, pues eran la semilla que estaba impulsando una nueva forma de ver la estructura social, ya no basada en un derecho de gobernar sustentado en la divinidad, sino en la naturaleza propia de la sociedad.

Precisamente al escribir estas líneas estoy bebiendo ese delicioso líquido marrón que me da ánimos en mi labor, como sucedía en la Europa y América de aquel siglo XVIII cuando la ilustración provocó las revoluciones que dieron la base para las democracias modernas según las cuales el poder de gobernar brota de la sociedad y es esta quien tiene la facultad de designar a sus gobernantes.

Durante tres siglos la humanidad ha estado aprendiendo a vivir con esta forma de organización social llamada democracia, con una serie de claroscuros que son propias de la naturaleza humana y la ambición que despiertan el poder y el dinero.

Con el paso de los siglos hemos creado multitud de herramientas que buscan preservar la democracia y una de estas es la llamada Revocación de Mandato, cuya aplicación en México está siendo objeto de discusión sobre su bondad o utilidad.

Esta figura política es parte de la democracia y tiene como sustento el que: sí es la sociedad quien designa a los gobernantes, es esta misma quien tiene la facultad de privarles del cargo que les ha otorgado.

Se busca que, con un nuevo proceso democrático, se prive a quien fue electo de la función encomendada, al existir una evidente ineficiencia en el desempeño de su trabajo.

Esta figura esta implantada en los cantones suizos, que tienen un sistema democrático muy eficiente pues se da en demarcaciones pequeñas en las que la vida social es activa y permite el ejercicio de una democracia eficiente. Sin embargo, la revocación de mandato no es una figura muy usada, a grado tal que en algunos de dichos cantones se ha eliminado por su falta de aplicación.

En Estados Unidos la figura se encuentra regulada en aproximadamente 17 de los 50 Estados y existe en otros países como: Taiwán, Etiopía, Liechtenstein, Nigeria, y otros.

En América Latina la figura está bastante extendida y muchos países la tienen. En el caso concreto de México, el Estado de Yucatán la tiene desde los años treinta del siglo pasado y en Chihuahua se implantó en 1998 y se ha extendido a otros Estados, aunque sin mucho éxito en su aplicación.

La regla general en la Revocación de Mandato es que esta se utiliza para destituir a servidores públicos de bajos niveles, como presidentes municipales, legisladores, síndicos y en algunas ocasiones gobernadores de los estados; pero existen cuatro países en los que la figura esta regulada para la destitución del presidente: Ecuador, Bolivia, Venezuela y México.

Como se observa la idea de la Revocación presidencial no es nueva y, desde hace algunos lustros, diversas propuestas han surgido de diferentes facciones políticas en el congreso mexicano, sin mucho éxito, tal vez por los problemas que se pueden presentar en la aplicación de la figura.

La Revocación de Mandato es una herramienta que favorece la democracia desde distintos ángulos: es un instrumento de rendición de cuentas, que incentiva la responsabilidad de las autoridades y les obliga a ser eficientes, en la función pública que les ha sido encomendada; existen otros instrumentos de rendición de cuentas como los informes periódicos y las auditorías, que en México realiza la Auditoría Superior de la Federación; la diferencia es que estos últimos son horizontales, es decir brotan de la misma estructura del gobierno, con todas las fallas que esto puede tener; en tanto que la revocación del mandato es vertical, pues brota desde los propios electores hacia las autoridades.

Vista desde la ciudadanía, la figura tiene una serie de beneficios: promueve la participación democrática, permite que la sociedad este más atenta al actuar público, emita juicios de valor sobre el mismo y elimina otras formas de destitución, alejadas de la institucionalidad, como las revueltas violentas.

Pero la Revocación de Mandato es una figura difícil de llevar a la práctica y sobre todo cuando se trata de la destitución del titular del poder ejecutivo.

Debemos recordar que quien llega a la presidencia a través de un proceso democrático, lo deseable es que ese proceso de decisión ciudadana subsista, por lo que los requisitos de la Revocación de Mandato no deben ser tan simples que se vuelva una herramienta para que los opositores políticos la utilicen en forma banal, pero tampoco debe exigir requisitos difíciles de lograr que le vuelvan algo impráctico.

Creo en el caso de México, la Revocación de Mandato está regulada para ser impráctica. Para que se pueda solicitar se debe reunir al menos el 3% del electorado y que este porcentaje se de en 17 Estados y, una vez que se lleve a cabo, la votación deberá ser no menor del 40% de los electores.

En el proceso de revocación de mandato que estamos viviendo, a pesar de que el partido en el poder utilizó la fuerza del Estado y el dinero que recibe para promover firmas, solicitando el proceso de revocación, apenas si pudo reunir un poco más de los 3 millones de firmas.

Si es así, se ve prácticamente imposible que se reúnan los votos de más de 38 millones de ciudadanos, requeridos para que la revocación pueda darse.

Sea cual sea el resultado de los votos que se presenten, veo la necesidad que los ciudadanos participemos en este proceso, pues es un ejercicio democrático que beneficia al sistema electoral y muestra del poder de la ciudadanía a los grupos políticos; si el resultado se inclina mucho hacia alguna de las posturas, ya sea en contra o a favor del presidente, las posiciones de los grupos de poder se van a enconar lo que es riesgo de un mayor desgobierno del que ya estamos viviendo.

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