Violencia previa y durante las elecciones, escándalos por las actitudes discriminatorias del encargado del aparato democrático, abstención y votos nulos, son algunos de los aspectos negativos de las votaciones realizadas en México para renovar gobernadores de nueve Estados y congresistas para la federación y algunas entidades.

No todo es malo, Nuevo León dio un ejemplo de educación cívica; en algunos Estados los ciudadanos emitieron un voto de castigo en las elecciones de gobernador como sucedió en Guerrero que lo perdió el partido de la izquierda PRD, luego de que fuera uno de sus principales bastiones; Sonora, gobernado por la derecha representada por el PAN, emitió voto contra la corrupción actualizada y ante la falta de opciones eligió la fuerte posibilidad de continuidad en ese rubro, al votar por el PRI, tal vez sobre la base de “más vale malo corrupto conocido que ladrón oculto”; el partido MORENA liderado por Andrés Manuel López Obrador, dio un golpe a los demás partidos de la izquierda, presentándose como una nueva opción para los votantes.

Pero también es de destacarse la poca participación de los ciudadanos en ese ejercicio democrático, lo que va en consonancia con lo que ha venido pasando en los últimos veinte años; los mexicanos que acuden a votar son cada vez menos, en las elecciones presidenciales de 1994, votaron el 77% de los ciudadanos; en el 2000, Vicente Fox fue electo por el 64% de los votantes; Felipe Calderón, en el 2006 por 52% y aunque en las elecciones del 2012, la votación subió tres puntos, la caída del entusiasmo ciudadano por participar en las urnas, el domingo siete pasado se fue al 47%, la más baja en los últimos veinte años.

En la investigación de Amparo Casals editada por el CIDE este año, se menciona que la corrupción, además de los costos económicos tiene otros efectos perniciosos: “Entre ellos la creciente desconfianza hacia las instituciones lo que ha generado una crisis de representación y descontento con la democracia”.

Por su parte la organización Latino barómetro ha señalado que en una sociedad moderna, que recompensa el esfuerzo, el valor de la invención, la innovación y el trabajo, sustentado en un sentido de competencia leal y en la que los poderes no se encuentran captados por grupos sino que el gobierno trabaja para la mayoría de las personas y no para la protección sino para el control de los intereses particulares, las personas tienen poder en cuanto que y el ejercicio del derecho de voto se transforma en un elemento de castigo para la clase política.

El voto también tiene el efecto de legitimar el ejercicio del poder pues quien es elegido por la ciudadanía en un ejercicio democrático de alto nivel de participación y por una mayoría razonable de los votantes encuentra su acceso al poder por la decisión de los gobernados lo que le justifica en su obrar como gobernante.

Pero cuando esto no sucede, quien accede al poder público lo hace sin apoyo ni aprobación y por consecuencia gobierna sin legitimación; como ha acontecido en las últimas elecciones presidenciales en México, Felipe Calderón llegó con una diferencia mínima, menor a un punto porcentual respecto a López Obrador, esto significó que la mitad de los votantes no le querían como presidente, no obtuvo una mayoría razonable; es por eso que en muchos sistemas políticos se acostumbra la segunda ronda, para el efecto de buscar que quien es electo lo sea por una mayoría de los votantes que signifique una real decisión popular.

En el caso de Peña Nieto se observa que ganó por un 38% de los ciudadanos que acudieron a las urnas, solo el 62% de los votantes, la abstención deslegitimó la elección pues solo fue seleccionado como Presidente del país por menos del veinte por ciento de los mexicanos que tenían capacidad para votar.

El gobernante no se legitima tan solo en las urnas, sino que también debe hacerlo en el ejercicio constante del gobierno, así la democracia trasciende el simple hecho de votar, pues los ciudadanos con su aprobación o desaprobación de lo que hace el gobierno da o quita legitimidad a quien se encuentra en el poder; es por esto que se acostumbran las encuestas de popularidad de los gobernantes durante el ejercicio de su mandato, en las que Peña Nieto ha salido muy mal parado pues más de la mitad de los mexicanos lo desaprueban.

De lo anterior que una sociedad que está observando en forma continua actos de corrupción en el gobierno y que estos quedan impunes, pues las instituciones no permiten perseguir y sancionar a los funcionarios corruptos, se encuentra ante una desilusión del ejercicio del voto al ver que su esfuerzo es inútil para alcanzar un buen gobierno, de ahí que en las encuestas sobre corrupción y buen gobierno que se realizan en México, los menos beneficiados por el aprecio popular sean los políticos y sus partidos.

Es por esto que la corrupción en México es un factor que ha debilitado a la democracia en los últimos años y cada vez más los gobernantes ejercen el poder sin legitimación ciudadana lo que a la larga se traduce en sistemas autoritarios.

Esta desilusión se reflejó en el abstencionismo de las últimas elecciones en México con los contrastes mencionados antes, lo que nos lleva a reflexionar sobre el daño que la corrupción está causando en la democracia mexicana.urna

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