No hace mucho recordaba la reacción del Presidente Obama, en junio del año pasado, cuando, durante un evento con la comunidad LGBT y los medios de comunicación, un sujeto se brincó las reglas y empezó a imprecar al Presidente, sin que se le hubiera dado la palabra. La respuesta fue inmediata: “… no, no, no… usted está en mi casa y fue invitado a ella y por tanto debe seguir las reglas de esta casa, no puede usted estar faltando al respeto de quien lo invita de esa manera. Puede quedarse y estar tranquilo o me veré en la necesidad de sacarlo…”

Cuando vi esto en las noticias, consideré que la reacción de Obama fue correcta, una posición clara, que permitía poner en su lugar a un bravucón, que solo tenía la idea de boicotear una reunión, brincándose las reglas y alterando el orden.

Esa situación es similar al argumento que ahora se plantea al hablar de los inmigrantes indocumentados en Estados Unidos, comparándolos con el caso de un invitado que debe seguir las reglas que el dueño ha planteado.

La aparente validez de esos argumentos, me hicieron razonar y volver a mis tiempos de universitario. Cuando estaba estudiando la carrera de Derecho, en que surgió una discusión con un maestro, en el siguiente sentido: le afirmaba que un sistema legal no puede ser hipócrita, al ignorar la realidad; plantee el ejemplo de la prostitución, actividad inherente a la humanidad y que se ha venido arraigando en las sociedades, desde que estas practican el comercio, pero que el sistema legal reprime. ¿Qué es lo que sucede con la represión? La prostitución no se va a acabar porque exista una ley que la considere como un acto criminal, pues es una actividad inherente a cualquier sociedad. Entonces, encuadrarla dentro de la ilegalidad, solo acarrea que sean los criminales (proxenetas, narcotraficantes, etc.) quienes controlan la prostitución, con consecuencias indeseables como la trata y explotación de las personas, drogadicción y la consecuente corrupción de los cuerpos policiales. Esto mismo se observa en el campo del narcotráfico, si se declara ilegal el uso de las drogas, como sucede, esa actividad va a subsistir, a pesar de lo que la prohíba el sistema, pero será controlada por el submundo del crimen con las consecuencias antes referida.

Cuando una regla jurídica pretende regular una situación que se opone a la realidad social, estará destinada no solo al fracaso, sino también a provocar que esa realidad, al ser considerada como ilícita, se transforme en una práctica social que escape al control de las autoridades y se vea inmersa en el mundo de los criminales y explotadores. Está muy estudiado por la Teoría Económica del Derecho, que las reglas deben brotar de la práctica social y que las leyes que crea el Estado, deben adecuarse a esta.

La migración fuera del control de las autoridades es una realidad en el sistema americano y aquí traigo a colación lo que leí del periodista Jorge Ramos, sobre el fenómeno migratorio hacia Estados Unidos, limitado a los mexicanos. Alguna persona llega a pasar la frontera y se instala, con trabajo fijo en una ciudad; es observada por su patrón, como un trabajador serio y responsable y cuando tiene necesidad de un nuevo trabajador, le pide que le recomiende alguien. El inmigrante de inmediato le habla a algún pariente o amigo que se encuentra en México y le propone que se vaya a trabajar con él. En muchas ocasiones el propio patrón le presta dinero para que el nuevo trabajador se pueda trasladar hacia el lugar de la fuente de trabajo. El ciudadano americano que contrata a los indocumentados, no indaga sobre la forma como el nuevo trabajador ingresará a Estado Unidos, su interés es tener un buen trabajador.

Este ejemplo se reproduce por cientos de miles en toda la Unión Americana, el propio ciudadano norteamericano violenta la ley, aún y cuando sea por omisión, para obtener el beneficio de una fuerza laboral efectiva. El ejemplo no se da solo con los mexicanos, sino que se traslada al universo de la población inmigrante en el país.

Todo se traduce en un simple juego de reglas económicas: la ley de oferta y demanda, ¿hay demanda de trabajadores, profesionistas o empresarios eficientes? la oferta brota espontáneamente, pues la gente trabajadora, educada y emprendedora, siempre será más efectiva en el resultado de beneficios, de la que no lo es.

Bajo estas reflexiones, surge la duda: ¿las reglas de la casa son realistas o debo cambiarlas? El adaptar las reglas a una realidad social, permite tener una sociedad mejor organizada. El pretender aplicar reglas contrarias a la realidad, solo trae como consecuencia el que esa realidad se separe del control del Estado, y vaya al submundo de la ilegalidad y el crimen ¿Que acaso no ha sido la propia sociedad norteamericana, sedienta de una fuerza laboral eficiente, la que ha creado las reglas de la casa?

Considerar que todos los inmigrantes en Estados Unidos, independientemente de su origen, que no han arreglado su situación migratoria, son criminales, ¿es realmente algo redituable para la sociedad norteamericana y adecuado a “las reglas de la casa”?

Share this:

Comentarios

Comentarios