El atril es de maderas finas y su pulimento le hace lucir la importancia que tiene y se ve resaltado por otros elementos, como las palabras en letras blancas THE WHITE HOUSE y bajo de esta WASHINGTON, atrás y del lado izquierdo, aparece la bandera de los Estados Unidos en una asta rematada con la figura del águila.

Es en la sala de prensa del gobierno estadounidense y todos esos signos denotan la importancia que ese atril tiene para el mundo y de ahí lo inexplicable que ese individuo que ostentaba el cargo de presidente de esa nación que es una de las principales potencias del mundo, utilizara esos símbolos de poder para recomendar algo tan estúpido como el tomar pastillas de detergente o inyectarse desinfectante, para curarse del COVID.

Luego se dieron los casos de personas intoxicadas y con daños graves a su salud por haber creído lo dicho por su presidente.

Se han reunido dos circunstancias para crear un dañino fenómeno en la sociedad actual, uno es la propia pandemia del coronavirus, altamente contagiable y que se ha convertido en una de las principales causas de muerte para la humanidad, llevándose a millones de personas y el otro viene siendo la facilidad que las herramientas electrónicas nos han traído para trasmitir información.

El temor al contagio y la muerte nos llevan a buscar soluciones milagrosas o explicaciones desatinadas, pues el COVID se ha llevado nuestra seguridad y limitado nuestra necesidad de convivencia que forma parte de nuestra naturaleza humana.

Todos estos factores nos han llevado a la creación de un nuevo fenómeno comunicacional al que se le conoce como Infodemia, combinación de las palabras información y pandemia y que trata de definir esta ola de información sobre el mal que nos aqueja, que circula en las redes sociales y que en muy contadas ocasiones plantea algo bueno.

Sobre esto el periódico inglés The Guardian, ha mencionado “La desinformación sobre el coronavirus pudiera ser lo más contagioso del mismo.”

En el estudio “Rumor falso y noticias y COVID-19” de Milton Hernández y Alejandra Olvera del Instituto Nacional de Antropología e Historia, publicado en abril 23 de 2020, se refieren a diversas situaciones que han surgido debido a esa desinformación que brota del éter informático.

Las redes sociales se han visto saturadas de información lo que resalta en los siguientes números: se han detectado en YouTube, 361 millones de mensajes sobre el coronavirus; En Twitter, 550 millones y en Google académico se pueden encontrar 19600 artículos.

La Organización Mundial de la salud, refiere que en esta pandemia de la desinformación puede haber afectaciones graves a la salud humana. Quien la trasmite trata de explicarla a través de una serie de circunstancias como la teoría de la conspiración, origen de la enfermedad y su tratamiento y la forma como el virus se propaga.

¿Como podemos saber los ciudadanos comunes conocer cuál de esa información es creíble y cual no?

La desinformación que circula es de origen desconocido, pero ha sido muy efectiva para promover acciones sociales, pues se han observado cambio de comportamientos sociales que implican mayores riesgos que la propia enfermedad.

Los autores mencionados nos presentan algunos ejemplos:

Algunos de los rumores que circularon referían que las autoridades usarían insecticidas y repartirían cubre bocas con veneno, con la finalidad de eliminar la sobrepoblación.

Estos rumores utilizan una serie de elementos que permiten hacerlos más creíbles, como el hablar de un origen confiable del rumor como un primo, un policía amigo o un miembro de la Fuerza Aérea y especifican elementos de la población que pudieran ser afectados como los mayores de edad, los enfermos o los discapacitados, que de acuerdo con las autoridades deben ser eliminados por representar una carga económica

Se observa que este tipo de mensajes provocan conductas dañinas en la sociedad por lo que se refiere a la prevención de la pandemia pues promueven desconfianza hacia el uso de la mascarilla y obstaculizan las medidas de prevención y protección.

Otro fenómeno que se ha presentado es el conocido como “Fiestas COVID”.

En mensajes anónimos se invita a fiestas y se informa que va a ir gente contagiada y que, en la fiesta, con la convivencia que se logre, se va a lograr la inmunidad del rebaño y para dar confianza sobre este mensaje se menciona en el mismo que en países como Suecia y otros de Europa se están realizando acciones semejantes.

En Naucalpan, Estado de México se realizaron en una sola noche cerca de 5 fiestas cómo está, que tuvieron que ser suspendidas por las autoridades quienes en varias ocasiones fueron agredidas

La Infodemia también ha provocado desconfianza hacia los médicos, he aquí algunos ejemplos:

Una doctora directora de un hospital rural del Instituto Mexicano del Seguro Social en el Estado de Chiapas fue agredida pues los parientes de los enfermos argumentaban que había recibido dinero para matar a los pacientes. El mensaje que provocó esto dice que “… a los médicos de los hospitales públicos les están dando dinero para matar a los pacientes” y recomendaba no acudir a los hospitales sino atenderse en casa

Evidentemente este tipo de mensajes también afecta en el combate a la pandemia al desprestigiar a la institución médica y promover la automedicación.

Mensajes similares han provocado casos en los que el personal de salud ha sido agredido en las calles, en el transporte público o en su propia casa.

El fenómeno es mundial, el periódico español El País, el 19 de junio de 2020, reportó sobre un grupo evangélico peruano que recomendó la administración de un desparasitador veterinario a 5000 personas, mencionaban que el coronavirus era el demonio, si acercaba el fin del mundo y que la inyección del medicamento sería la salvación

La Organización Mundial de la salud trabaja constantemente para contrarrestar estos rumores y en México el Gobierno y las organizaciones civiles como VERIFICOVID se dedican a monitorear la información falsa y tratar de contrarrestar la misma y a este movimiento se han agregado gran cantidad de periodistas, comunicólogos, diseñadores y médicos y se ha tratado de desmentir información falsa que circula en redes.

Así el fenómeno de los flagelantes que analizábamos en la columna anterior y que tenía su base en la ignorancia y la búsqueda de una solución milagrosa a un grave daño a la sociedad se refleja ahora con los nuevos elementos que nos presenta la tecnología informática.

Pero lo cierto es que en esta época de pandemia y frente a ese caos de desinformación que ha surgido, es importante que las personas sean conscientes de que al recibir información de este tipo deben encontrar la respuesta a 3 preguntas:

¿De dónde deriva originalmente el mensaje?

¿Lo que el mensaje está proponiendo es lógico o correcto?

¿Cuáles son las evidencias que fundamentan ese mensaje?

Luego de responderte a estas 3 preguntas deberás tú considerar la veracidad o falsedad del mensaje que te ha llegado y obrar en consecuencia.

El atril es de maderas finas y su pulimento le hace lucir la importancia que tiene y se ve resaltado por otros elementos, como las palabras en letras blancas THE WHITE HOUSE y bajo de esta WASHINGTON, atrás y del lado izquierdo, aparece la bandera de los Estados Unidos en una asta rematada con la figura del águila.

Es en la sala de prensa del gobierno estadounidense y todos esos signos denotan la importancia que ese atril tiene para el mundo y de ahí lo inexplicable que ese individuo que ostentaba el cargo de presidente de esa nación que es una de las principales potencias del mundo, utilizara esos símbolos de poder para recomendar algo tan estúpido como el tomar pastillas de detergente o inyectarse desinfectante, para curarse del COVID.

Luego se dieron los casos de personas intoxicadas y con daños graves a su salud por haber creído lo dicho por su presidente.

Se han reunido dos circunstancias para crear un dañino fenómeno en la sociedad actual, uno es la propia pandemia del coronavirus, altamente contagiable y que se ha convertido en una de las principales causas de muerte para la humanidad, llevándose a millones de personas y el otro viene siendo la facilidad que las herramientas electrónicas nos han traído para trasmitir información.

El temor al contagio y la muerte nos llevan a buscar soluciones milagrosas o explicaciones desatinadas, pues el COVID se ha llevado nuestra seguridad y limitado nuestra necesidad de convivencia que forma parte de nuestra naturaleza humana.

Todos estos factores nos han llevado a la creación de un nuevo fenómeno comunicacional al que se le conoce como Infodemia, combinación de las palabras información y pandemia y que trata de definir esta ola de información sobre el mal que nos aqueja, que circula en las redes sociales y que en muy contadas ocasiones plantea algo bueno.

Sobre esto el periódico inglés The Guardian, ha mencionado “La desinformación sobre el coronavirus pudiera ser lo más contagioso del mismo.”

En el estudio “Rumor falso y noticias y COVID-19” de Milton Hernández y Alejandra Olvera del Instituto Nacional de Antropología e Historia, publicado en abril 23 de 2020, se refieren a diversas situaciones que han surgido debido a esa desinformación que brota del éter informático.

Las redes sociales se han visto saturadas de información lo que resalta en los siguientes números: se han detectado en YouTube, 361 millones de mensajes sobre el coronavirus; En Twitter, 550 millones y en Google académico se pueden encontrar 19600 artículos.

La Organización Mundial de la salud, refiere que en esta pandemia de la desinformación puede haber afectaciones graves a la salud humana. Quien la trasmite trata de explicarla a través de una serie de circunstancias como la teoría de la conspiración, origen de la enfermedad y su tratamiento y la forma como el virus se propaga.

¿Cómo podemos saber los ciudadanos comunes conocer cuál de esa información es creíble y cual no?

La desinformación que circula es de origen desconocido, pero ha sido muy efectiva para promover acciones sociales, pues se han observado cambio de comportamientos sociales que implican mayores riesgos que la propia enfermedad.

Los autores mencionados nos presentan algunos ejemplos:

Algunos de los rumores que circularon referían que las autoridades usarían insecticidas y repartirían cubre bocas con veneno, con la finalidad de eliminar la sobrepoblación.

Estos rumores utilizan una serie de elementos que permiten hacerlos más creíbles, como el hablar de un origen confiable del rumor como un primo, un policía amigo o un miembro de la Fuerza Aérea y especifican elementos de la población que pudieran ser afectados como los mayores de edad, los enfermos o los discapacitados, que de acuerdo con las autoridades deben ser eliminados por representar una carga económica

Se observa que este tipo de mensajes provocan conductas dañinas en la sociedad por lo que se refiere a la prevención de la pandemia pues promueven desconfianza hacia el uso de la mascarilla y obstaculizan las medidas de prevención y protección.

Otro fenómeno que se ha presentado es el conocido como “Fiestas COVID”.

En mensajes anónimos se invita a fiestas y se informa que va a ir gente contagiada y que, en la fiesta, con la convivencia que se logre, se va a lograr la inmunidad del rebaño y para dar confianza sobre este mensaje se menciona en el mismo que en países como Suecia y otros de Europa se están realizando acciones semejantes.

En Naucalpan, Estado de México se realizaron en una sola noche cerca de 5 fiestas cómo está, que tuvieron que ser suspendidas por las autoridades quienes en varias ocasiones fueron agredidas

La Infodemia también ha provocado desconfianza hacia los médicos, he aquí algunos ejemplos:

Una doctora directora de un hospital rural del Instituto Mexicano del Seguro Social en el Estado de Chiapas fue agredida pues los parientes de los enfermos argumentaban que había recibido dinero para matar a los pacientes. El mensaje que provocó esto dice que “… a los médicos de los hospitales públicos les están dando dinero para matar a los pacientes” y recomendaba no acudir a los hospitales sino atenderse en casa

Evidentemente este tipo de mensajes también afecta en el combate a la pandemia al desprestigiar a la institución médica y promover la automedicación.

Mensajes similares han provocado casos en los que el personal de salud ha sido agredido en las calles, en el transporte público o en su propia casa.

El fenómeno es mundial, el periódico español El País, el 19 de junio de 2020, reportó sobre un grupo evangélico peruano que recomendó la administración de un desparasitador veterinario a 5000 personas, mencionaban que el coronavirus era el demonio, si acercaba el fin del mundo y que la inyección del medicamento sería la salvación

La Organización Mundial de la salud trabaja constantemente para contrarrestar estos rumores y en México el Gobierno y las organizaciones civiles como VERIFICOVID se dedican a monitorear la información falsa y tratar de contrarrestar la misma y a este movimiento se han agregado gran cantidad de periodistas, comunicólogos, diseñadores y médicos y se ha tratado de desmentir información falsa que circula en redes.

Así el fenómeno de los flagelantes que analizábamos en la columna anterior y que tenía su base en la ignorancia y la búsqueda de una solución milagrosa a un grave daño a la sociedad se refleja ahora con los nuevos elementos que nos presenta la tecnología informática.

Pero lo cierto es que en esta época de pandemia y frente a ese caos de desinformación que ha surgido, es importante que las personas sean conscientes de que al recibir información de este tipo deben encontrar la respuesta a 3 preguntas:

¿De dónde deriva originalmente el mensaje?

¿Lo que el mensaje está proponiendo es lógico o correcto?

¿Cuáles son las evidencias que fundamentan ese mensaje?

Luego de responderte a estas 3 preguntas deberás tú considerar la veracidad o falsedad del mensaje que te ha llegado y obrar en consecuencia.

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