“En el hidalgo pueden observarse esos aires altaneros y orgullosos que llegan hasta la brusquedad. Engreídos de su alcurnia, que están siempre dispuestos a probar, desprecian todo cuanto no tiene la misma condición”. Es la cita de Jakob Mauvillon, que hace al inicio del libro Mirreynato. La otra desigualdad, el escritor Ricardo Raphael.

En la obra se identifica a una clase social en México, que el autor califica como Los Mirreyes, a quienes define como un estrato privilegiado, que se caracteriza por una ofensiva ostentación dentro y fuera del país y representan la degradación de la sociedad mexicana.

Entre otros ejemplos de esa clase social, señala a Jorge López Amores, el joven hijo del Procurador de Justicia de Chiapas, quien se arrojó, en un estupor de alcohol, de un buque en el pacífico o los señores Sergio Eguren y Rafael Medina, diputados Panistas, que fueron detenidos en Brasil, por agredir a una mujer. Menciona que, en muchos hoteles de lujo en Europa, no admiten a jóvenes mexicanos por los destrozos que causan y que son notorias las fiestas en que se gastan hasta 50 mil euros. Son jóvenes que viven una vida de lujos sin esfuerzo y que representan a una sociedad en que las élites pierden los valores para gozar de lo mundano de la vida.

Ejemplos de Mirreyes los tenemos en la política mexicana, evidentemente el caso de Angélica Rivera, la esposa del presidente Peña Nieto, quien no puede salir a la calle si no es vestida con ropa de diseñador, cuyo precio insulta la pobreza de nuestro país. El mismo presidente no escapa al criterio, por sus poses de adolescente metrosexual y la vanidad en el vestir, que están a la vista todos los días.

El Mirrey en boga de la política mexicana es, Alfredo Castillo Cervantes, titular de la Comisión Nacional del Deporte, quien se lució haciendo arrumacos con su novia en los Estadios de los juegos olímpicos en Río de Janeiro, en donde no competía ningún mexicano, disfrutando de una costosa luna de miel, con el dinero de los contribuyentes. Este sujeto, vistió a quienes acudieron, para el desfile inaugural, con trajes de diseñador; los mismos jóvenes deportistas que, antes de las olimpiadas tuvieron que buscar apoyo boteando en la vía pública, para asistir al evento y vestir con ropa remendada en sus actividades deportivas. Este ejemplo refleja claramente la existencia de esa clase insultante para los mexicanos, el boato y despilfarro, por un lado, frente al esfuerzo, trabajo y carencia, por el otro.

Ante el ejemplo de Mirrey de este personaje, me dediqué a la tarea de buscar, en el gabinete del Presidente Enrique Peña Nieto, cuáles de ellos pudieran calificar dentro de ese concepto, tomando como medida la universidad a la que acudieron y, el resultado lo verán ustedes en la siguiente comparación:

La Universidad Iberoamericana, es una de las instituciones privadas, de educación superior de México, más costosas, está dirigida por Jesuitas, que vienen siendo lo que pudiera clasificarse como el área intelectual de la Iglesia Católica. De ella egresaron: Humberto Castillejos Cervantes, Consejero Jurídico de la presidencia; Aurelio Nuño Mayer, Secretario de Educación Pública; Pedro Joaquín Coldwel, Secretario de Energía; Renato Sales Heredia, del Consejo Nacional de Seguridad y Claudia Ruíz Massieu, Secretaria de Relaciones Exteriores.

La Universidad Panamericana, es también una costosa universidad privada, dirigida por quienes son considerados como el grupo económico de la Iglesia Católica, el Opus Dei, de ella egresaron: El Presidente Enrique Peña Nieto y Arely Gómez González, Procuradora General de la República, quien también egreso de la Universidad Anáhuac, que pertenece a la diversa organización de la Iglesia Católica conocida como Legionarios de Cristo.

Egresado de otra costosa institución privada, el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, es Rafael Pacchiano Alamán, secretario del Medio ambiente y Recursos Naturales.

De los diez y ocho miembros principales del gabinete, ocho de ellos son egresados de las universidades privadas más costosas del país y otros tantos son egresados de universidades públicas.

Pero aún hay más, seis de ellos hicieron estudios de posgrado en Estados Unidos y dos en Inglaterra.

Lo mencionado no nos dice que todos ellos califiquen para la categoría de Mirrey, pues algunos pueden haber realizado sus estudios con sacrificio y méritos estudiantiles, pero ¿todos? Por sus propias actitudes y forma de expresarse, usted estimado lector, podrá identificar, aquellos que si encuadran dentro de esa categoría.

Y si es así, en el primer nivel del gobierno mexicano ¿qué podemos esperar de quienes se encuentran más abajo, como el personaje de quien hablaba al principio de esta aportación?

Así pues, la política mexicana se ha convertido, o está en proceso de hacerlo, en un cubil de Mirreyes y, cada vez, tenemos menos opciones de elección.

Es evidente que, en el sistema mexicano, se rompe el principio establecido en el artículo primero de la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, de 1789 y que fue ideal a seguir, para aquellos que lucharon por nuestra independencia: “Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales solo pueden fundarse en la utilidad común.”

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