En las redes sociales circula una carta en la que, un lujoso y prestigiado hotel de Tennessee, se disculpa con sus huéspedes por no poder prestar los servicios de limpieza del cuarto. Relata que ese día se realiza una protesta por la comunidad hispana y otros migrantes, con el objeto de demostrar la influencia que tienen en la fuerza laboral del país. La carta menciona que el 99% del servicio de limpieza del hotel se realiza por personal hispano y ese día no asistieron para acudir a las marchas. También informa a sus huéspedes que la situación se repite en múltiples restaurantes y tiendas en la ciudad.

La convocatoria a la marcha implicaba un mensaje a Donald Trump: “Señor presidente, sin nosotros y sin nuestra contribución, este país se paraliza”. Y fue apoyada no sólo por inmigrantes, sino también por muchos ciudadanos estadounidenses que están inconformes contra las políticas del actual presidente.

Muchos negocios cerraron o redujeron su actividad en forma dramática ante la solidaridad de la sociedad para expresarse en contra de lo que consideran indebido. El fenómeno se extendió a las escuelas e imágenes de los salones de clase sin alumnos, se vieron tanto en redes sociales como en los medios. Chicago no fue la excepción y Park Union se vio colmado de personas que ahí iniciaron la marcha hacia las oficinas federales de migración, para luego concentrarse en la plaza Federal.

La fuerza laboral de los inmigrantes en EEUU, tanto encuadrados dentro del régimen legal como indocumentados, es un fenómeno que no puede ser ignorado. Representan a más de 40 millones de personas conformando una proporción superior al 20% de la población de ese país. Comprenden multitud de nacionalidades, religiones y culturas, que enriquecen la vida de los estadounidenses.

También se han visto ejemplos individuales de pundonor como el de Guadalupe García de Rayos, quien decidió acudir a las autoridades migratorias en Arizona, con el objeto de refrendar su estatus, a sabiendas del riesgo que corría de ser deportada. Este caso es emblemático de lo injustas que pueden ser las políticas antiinmigrantes que se aplican en forma indiscriminada.

La mayoría de los inmigrantes pertenece a la clase de bajos ingresos, por lo que su manifestación pública adquiere especial relevancia, pues suele ser el único elemento con el que estos grupos cuentan para expresar sus ideas e inconformidades. En realidad, muchas de las personas que se encuentran indocumentadas buscan permanecer en  el anonimato, por el temor de ser sujetos de deportación, de ahí que cuando salen a la calle a manifestarse públicamente, su actitud cobra especial relevancia como ejemplo de valentía y pundonor.

En México también hubo marchas para manifestarse, tanto contra las políticas del presidente Trump, como contra las propias de gobierno que encabeza Enrique Peña Nieto. El desánimo, la división y la poca participación, fueron las características de estas manifestaciones convocadas por #VivaMéxico y varias decenas más de organizaciones, se calcula que en la capital del país, acudieron aproximadamente 20,000 personas, pero al mismo tiempo que se convocaba a esta marcha, Isabel Miranda de Wallace, de la organización “Alto al secuestro”, convocó a otra en apoyo a las políticas del presidente mexicano. La señora Wallace ha sido continuamente señalada por su tendencia gobiernista, desde la anterior administración a cargo de Felipe Calderón.

Parece ser que en México sufrimos del síndrome de Procusto, un personaje de la antigua Grecia, dueño de una posada, al que se le atribuye que cortaba los pies o las cabezas de sus huéspedes cuyos cuerpos tenían una extensión superior a la del lecho en el que dormían, lo que se encontraba motivado por el rechazo hacia quienes sobresalen.

Este síndrome se caracteriza por la incapacidad de reconocer la validez de las ideas de otros y el miedo a ser superados, lo que lleva a cercenar las iniciativas que causan envidia y crea situaciones que impiden a las organizaciones progresar. Quien sufre de este síndrome habla de tolerancia, diversidad y aceptación de otros, pero actúa en todo lo contrario. Así parece suceder con la sociedad mexicana y sus presuntos líderes que prefieren anular las iniciativas ajenas, en lugar de unirse a ellas.

Que gran diferencia encontramos entre las paupérrimas manifestaciones que se dieron en México, frente a las pujantes y organizadas expresiones de descontento popular que brotaron en múltiples ciudades de la Unión Americana, que lograron claramente su objetivo de demostrar lo que la fuerza de los inmigrantes representa para esa sociedad. Pareciera ser que los valientes se han ido al norte.

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