La carretera Panamericana recorre 48 mil kilómetros desde la Patagonia hasta Alaska, pero hay una pequeña fracción pantanosa y compuesta de selva inhóspita que no ha podido conquistar esta obra de la ingeniería moderna, es un territorio que se encuentra entre la frontera de Colombia y la Ciudad de Panamá que se denomina Darién y fue en ese territorio cuando doce años después del arribo de Cristóbal Colón a estas tierras que se fundó por Francisco Pizarro y Vasco Núñez de Balboa el primer asentamiento europeo en tierra continental americana.

Fue de esa población que en el año 1511 zarpó una nave hacia Santo Domingo con la misión de vituallarse y volver a su destino; pero esto no fue posible pues, cerca de la Isla que hoy conocemos como Jamaica, la nave encalló en un banco de arena, se botó un bote con veinte marinos con la misión de buscar ayuda, pero ellos también fracasaron debido a una fuerte corriente marítima que les llevó inexorablemente a un territorio inexplorado en aquel entonces: Yucatán.

Aquellos españoles apenas bajaron a tierra firme fueron atacados por una tribu que les hizo prisioneros y sacrificó a los heridos en rituales religiosos, comiendo partes de sus cuerpos y al resto les enjaularon; aunque algunos de ellos pudieron escapar y vagaron por la selva durante días, muriendo todos salvo dos: Gonzalo Guerrero y Gerónimo de Aguilar quienes fueron rescatados por otra tribu cuyo jefe era Na Chan Can, el primero de ellos se adaptó a las costumbres de sus captores y se casó con una hija del jefe, pero el segundo tuvo otro destino que le llevó a ser de gran influencia en la conquista de un reino que se encontraba muy al norte.

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Así lucía el templo a la Diosa Ix Chel en Isla de Mujeres en 1924. En la actualidad y por el descuido de ciudadanos y autoridades solo quedan dos paredes.

Los españoles conocían la existencia de esas tierras al poniente y el gobernador de la Isla de Cuba, Diego Velázquez, en febrero de 1517 envió una expedición a cargo de Hernández de Córdoba, que partió hacia el oeste y después de seis días de navegación llegó a una pequeña isla que denominaron “Isla de Mujeres” en razón de estatuas que allí había de las Diosa maya de la fertilidad Ix Chel; luego la expedición llegó a lo que ahora se conoce como “Cabo Catoche” en donde fueron atacados por los mayas siendo heridos quince europeos, no sin antes haber capturado a dos naturales a los que apodaron como Melchorejo y Julianillo, quienes les informaron que dos españoles se encontraban viviendo tierra adentro. La expedición de Hernández continúo hacia el norte, pero luego de haber sido atacados en diversas ocasiones y perder a dos hombres decidió desistir y volver a la Isla de Cuba.

Una nueva expedición se organizó, ahora a cargo de Juan de Grijalva que zarpó en enero de 1518, llevando como interprete a Julianillo; en el continente frente a la Isla de Cozumel hicieron prisioneros a cuatro que hablaban el Maya Chontal, idioma que Julianillo desconocía. Uno de los nuevos prisioneros, al que bautizaron como Pedro Barba, servía de intérprete del Chontal al Maya común que luego Julianillo malamente traducía al español; el viaje de Grijalva siguió hacia el norte y llegaron a un lugar cercano al actual puerto de Veracruz en donde hicieron amistad con los naturales que eran totonacas, ni Julianillo ni Pedro Barba sirvieron como intérpretes, pues en el idioma que en esas tierras se hablaba era él náhuatl; de este punto la expedición de Grijalva volvió a Cuba.

El gobernador Velázquez decidió enviar otra expedición a los territorios desconocidos y para dirigir esta nombró a su sobrino Hernán Cortés, quien había fungido como su secretario durante diez años.

Cortés había pasado su infancia en la ciudad de Medellín en España, población multicultural, como muchas otras en la España de aquellos tiempos, en las que se mezclaban cristianos, musulmanes y judíos y por consecuencia el manejo de las lenguas distintas y de la traducción no era algo ajeno al nuevo expedicionario nombrado.

Esta nueva flota fue financiada en buena medida por Cortés quien decidió llevar como interprete a Melchorejo que le fue de gran utilidad en la Isla de Cozumel en donde le informaron de los dos españoles que vivían en el continente. El capitán envío una flotilla en busca de sus coterráneos, posiblemente pensando que su estancia por varios años en aquel país les habría dado suficiente conocimiento del idioma nativo para ser mejores traductores que Melchorejo quien poco había aprendido de la lengua hispana.

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Aguilar fue un fraile franciscano que se unió a la expedición de Cortés

La flotilla volvió con Gerónimo de Aguilar quien les relató las peripecias sufridas y se unió a la expedición de Cortés que partió bordeando el continente hacia el norte y llegando al Rio Usumacinta el cual remontaron hasta llegar a una población grande conocida como Potonchan, en donde tuvieron una fuerte batalla con los hombres del lugar, a los que vencieron.

De esta batalla se dieron dos circunstancias que luego serían de gran utilidad para el español en su conquista del reino Azteca.

Conocieron que en pelea los naturales no buscaban matar a su enemigo sino solo incapacitarlo para poder luego sacrificarlo a sus dioses. Esto les dio a los hispanos una gran ventaja táctica pues mientras ellos mataban a tres de sus enemigos, estos solo habrían podido herir a uno de los propios; luego a los pueblos que se les aliaron en su lucha contra los mexicas, les enseñaron a luchar matando, buscando siempre atacar con sus lanzas a la cabeza del enemigo, que la descuidaba.

La otra situación fue que el jefe vencido les dio como regalo un grupo de mujeres, entre las que se encontraba una de singular valor, su nombre original era Malinali, la que al ser bautizada por los españoles se le denominó Marina y la tradición la conoce como “La Malinche”.

Ella era una persona con una vida fuera de lo común, su padre había sido Señor de una población cercana a Coatzacoalcos en el actual Estado de Veracruz y su Madre era también mujer de familias nobles, Malinali debe haber tenido una buena infancia, pero al morir su Padre, su madre volvió a contraer matrimonio y tuvo un hijo, lo que motivó que, a instancias del padrastro, fuese vendida a unos comerciantes mayas que a su vez se la vendieron a Señores de Potonchan.

En su infancia Malinali aprendió el idioma náhuatl, pero por su vida con los mayas dominó también la lengua chontal lo que le dio un gran valor para el conquistador Cortes pues, a través de ella y de Gerónimo de Aguilar, podía comunicarse con las tribus totonacas que encontraría más al norte, lugar en el que iniciaría la campaña para la conquista de México.

Fue de esta forma como se formó una dupla lingüística entre Malinali y Aguilar que sería de importancia fundamental para lo que luego haría Cortés, pues a través de ella llegó a conocer la precaria situación política de Tenochtitlan y la aversión que hacia esa ciudad tenían los reinos que le pagaban tributos, a los que logró unir en una causa común que concluyó en una de las más grande aventuras bélicas de la historia: La Conquista de México.

La información para este relato se obtuvo en su mayor parte del libro “La Conquista de México” del historiador inglés Hugh Thomas.

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