El presidente Trump se presentó este enero ante el congreso para dar el informe conocido como Estado de la Nación. En el hemiciclo del orador, del lado derecho, se encontraba la presidente de la Camara de Representantes, Nancy Pelosi, a quien Trump le negó el saludo de mano, mientras le entregaba una copia del discurso que pronunciaría, el que la legisladora estuvo leyendo con atención, hasta el final de la intervención, cuando tomó los papeles y los rompió frente a las cámaras.
El gesto de Pelosi ha sido interpretado de diversas maneras, que parecen resumirse en dos: como un acto de valentía o como un berrinche que no es propio de su puesto.
La pregunta que me brota, es ¿Cuál sería la interpretación de ese acto, si Nanci Pelosi no fuera mujer?
Victoria Brescoll, investigadora de la Universidad de Yale, presentó en 2008, un estudio en el que se analizó la conducta de Hillary Clinton en su campaña para la presidencia y se pudo comprobar que las actitudes de enojo eran mal vistas por tratarse de una mujer, lo que en un hombre se hubiera visto como algo correcto y asertivo. Se concluye que el que las mujeres se enojen en su trabajo, la sociedad ve como signo de incompetencia y algo indigno de su estatus de poder.
Dos años después, la misma investigadora, asociada con Tyler Okimoto, presentó una investigación de la  que se concluye que la búsqueda del poder, que implica la actividad política, es mal vista cuando se trata de mujeres, en tanto que esto es contrario al estereotipo que la sociedad estadounidense tiene de la mujer como una persona que debe caracterizarse por su sensibilidad, ternura y preocupación por los demás; el estudio establece que estas percepciones son limitantes para las mujeres que incursionan en la política de los Estados Unidos.
La pregunta que ahora surge es si ¿las cosas han cambiado desde que dichos estudios fueron elaborados? Y, tal vez un análisis de la carrera por la presidencia de Hillary Clinton nos puede dar un poco de luz al respecto.
En las elecciones primarias por el Partido Demócrata en 2008, Clinton fue una buena opositora a Barak Obama, pero terminó perdiendo, a pesar de lo cual superó con mucho el antecedente fijado por otra mujer, Shirley Shisholm en 1972.
En su carrera por la candidatura en 2016, derrotó por amplio margen a su principal opositor Bernie Sanders y fue la primer mujer nominada para la presidencia por uno de los principales partidos políticos del país; pero el resultado final lo conocemos: Donald Trump logró la presidencia al obtener la mayoría de los Colegios Electorales, pero en el voto popular Hillary fue beneficiada por más de 2.8 millones de votos y se convirtió en el primer candidato presidencial en la historia de los Estados Unidos en perder bajo esas condiciones.
Otro aspecto que puede indicar un cambio de la condición de la mujer en la política de Estados Unidos, se refleja en la composición actual del congreso de ese país, que presenta un récord con 127 mujeres, de las que 106 pertenecen al Partido Demócrata y 21 al Republicano, lo que implica el 24% del total de los escaños.
Esperemos que el rol de la mujer en la política de los Estados Unidos esté realmente dando un cambio, pues la mujer representa una mayor garantía de honestidad y dedicación que el hombre, en los altos puestos y ejemplo de esto lo tenemos actualmente con Angela Merkel en Alemania y Michelle Battelle, primero como presidente de Chile y ahora como Alta Comisionada de los Derechos Humanos de la ONU.
Creo que en México tenemos una fuerte necesidad de una mujer honrada y capaz en el puesto máximo de nuestro país, aunque la duda es ¿cuánto tardaremos en llegar a eso?

 

Crédito de la imágen:   shutterstock.com

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