Los calores que agobiaban a la ciudad de Mérida en los meses de abril y mayo, ayudados por las quemas de los restos de las cosechas que se hacían en los campos de cultivo, que la circundaban; se habían rendido ante la tenacidad de las lluvias que durante las tardes regaban a la blanca urbe, las flores brotaban por doquier en el Paseo Montejo, donde los vecinos caminaban tranquilamente para disfrutar el fresco de la tarde.

  Un trío conformado por una hermosa y joven mujer, acompañada por dos varones, uno que rondaba los sesenta años y el otro mediando los cuarenta, caminaban tranquilamente respirando el aroma de las flores. Ella exclamó – que hermoso olor se siente en el aire-, a lo que el hombre de mediana edad le dijo –son las flores que con gusto expiden su aroma, pues quieren acariciar su piel- y dirigiéndose al varón de más edad, le expresó – debieras escribir un poema loando la belleza de la señorita Reed -, y este le contestó – ¡no solo un poema, la señorita Reed merece una canción!

 Ella era Alma Marie Prescott Sullivan Reed, originaria de San Francisco California, y reportera del periódico New York Times. El segundo de los mencionados era Felipe Carrillo Puerto, en aquel entonces gobernador del Estado de Yucatán y el hombre mayor era un conocido poeta yucateco, Luis Rosado Vega.

Corrían los años veinte del siglo pasado y México era un país que aún sentía las sacudidas de la guerra de revolución, que una década antes había llevado a la muerte a millones de pobladores, pero la nación buscaba consolidarse política y culturalmente y en el Estado de Yucatán se revivían los trabajos y descubrimientos en la antigua ciudad Maya de Chichen Itzá, uno de los sitios arqueológicos reconocidos por su antiguo esplendor e interés científico; esto había atraído a los medios de prensa internacionales y el envío de corresponsales para cubrir el evento, entre ellos a la mencionada reportera quien era identificada en Yucatán como Alma Reed y había sido condecorada por el gobierno de México por su defensa a los mexicanos en Estados Unidos.

Al llegar la periodista a Mérida y conocer a Felipe Carrillo, surgió entre ellos una fuerte atracción, por lo que no era raro para los meridanos ver a la pareja caminando por las calles de la ciudad o asistiendo a eventos públicos y a los restaurantes y cafeterías, que abundaban en aquella población del sureste mexicano.

El poeta Rosado compuso la letra del poema, en el que se describen los atributos de la belleza de Alma Reed y los asoció con las cualidades propias de las tierras yucatecas, con las siguientes palabras:

Peregrina de ojos claros y divinos y mejillas encendidas de arrebol;

mujercita de los labios purpurinos y radiante cabellera como el sol.

Peregrina, que dejaste tus lugares, los abetos y la nieve, y la nieve virginal,

y viniste a refugiarte en mis palmares, bajo el cielo de una tierra, de mi tierra tropical.

Las canoras avecillas de mis prados por cantarte dan sus trinos, si te ven,

y las flores de nectarios perfumados te acarician y te besan en los labios y en la sien.

Con el poema escrito de su puño y letra, Rosado visitó a su amigo el músico Ricardo Palmerín y le pidió diera sonido al poema. En un libro dedicado al bolero mexicano, de Fundación Alejo Peralta, se menciona como, el mismo Rosado, en una entrevista, describió el desenlace de este trabajo:

 Una noche inolvidable mientras estábamos reunidos en un jardín, Palmerín nos anunció que había encontrado finalmente el tema musical apropiado y con una sonrisa radiante se sentó en el piano. Sentí entonces y lo siento todavía, que Palmerín había apresado toda la tragedia del Mayab. En la dulce cadena melancólica palpitaba el encanto misterioso de la tierra yucateca.

 Pero los residuos de la revolución, aún teñían de violencia las pugnas por el poder y Carrillo Puerto fue presa de estas, siendo fusilado en enero de 1924. Se cuenta que la noche previa a su ejecución pidió como última voluntad, que unos músicos le interpretaran la canción compuesta a nombre de su amada.

La periodista Alma Reed volvió a los Estados Unidos, dedicándose a promover la cultura de

México y en 1950, regresó a radicar a ese país. El cantante mexicano Pedro Vargas mencionó que en las ocasiones que llegó a visitarla, esta le pedía interpretara Peregrina y que cuando lo hacía brotaban lágrimas de sus ojos.

 La mujer que inspiró la canción, que es una joya de la trova yucateca, murió en México en 1966, su cuerpo fue cremado y sus cenizas enterradas junto a la tumba de Carrillo Puerto en Mérida y con esto se cumplió la última parte de la canción que dice:

 Cuando dejes mis palmares y mi tierra, peregrina del semblante encantador,

no te olvides, no te olvides de mi tierra, no te olvides, no te olvides de mi amor.

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