Por Oscar Müller C. 

Visitando el famoso centro turístico Playa Venice en California, me llevé una fuerte impresión cuando vi a una persona en indigencia haciendo sus necesidades fisiológicas en el césped de un bien cuidado parque, aunque luego pude observar más ejemplos de esa situación en el centro de Los Angeles, en donde la llamada “Ciudad de las tiendas” nos permite percibir el verdadero fenómeno de la pobreza en Estados Unidos.

Ver el documental elaborado por Sebastien Gilles, de la cadena Alemana Deutsche Welle, titulado “Pobreza en Estados Unidos” nos lleva de la mano para observar como existen en ese país 40 millones de pobres, muchos de los cuales carecen de un techo para vivir y deben dormir en sus vehículos, mientras buscan la forma de salir del círculo de pobreza en el que se encuentran.

La pobreza en EEUU es un tema poco tratado y cuya existencia se oculta por la sociedad estadounidense, como aquel que pretendiera esconder sus pecados en una caja de zapatos debajo de la cama, pero es una realidad lacerante, que tiene muchas causas, una de ellas su sistema de salud, lo que se puede observar en el referido documental, en donde muchos de los entrevistados refirieron cómo cayeron en condiciones de calle por la necesidad de pagar cuentas médicas y ahora no tienen acceso a servicios sanitarios, por carecer de seguro y de medios para pagar medicinas y doctores, cuyos costos superan por mucho las de otras regiones del mundo.

Otra relación entre los factores de pobreza y el sistema de salud, lo encontramos en el informe que rindió la oficina del Alto Comisionado de los Derechos Humanos de las naciones Unidas, en diciembre de 2017, donde refiere, entre otras causas de pobreza en EEUU, el que los gastos de atención sanitaria son el doble de los otros 36 países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos; en 2013, ese país se llevó los laureles en tasas de mortalidad infantil en el mundo desarrollado; un gran número de enfermedades tropicales son desatendidas, lo que provoca miles de muertes al año; la obesidad alcanza altos índices, es la más alta en el mundo desarrollado y en estudios recientes se observa cómo el sistema de salud, por su alto costo, es uno de los factores que se están volviendo detonantes de la indigencia en ese país, cerca del 50% de los casos de bancarrota obedecen a la necesidad de hacer frente a los gastos médicos.

Sería absurdo negar la relación entre ese pésimo y caro sistema de salud con la corrupción política. El periódico español El Mundo publicó en julio de 2005 un estudio sobre el gasto de la industria farmacéutica en los políticos norteamericanos, que revela el gasto de más de 110 millones de dólares, tan sólo en ese año, en actividades para ganar el favor de los políticos, lo que se presta para que las decisiones de Estado se tomen más en beneficio de las empresas relacionadas con la salud, que en los habitantes del país.

Esto no ha disminuido y aunque en la actual administración se han buscado soluciones al problema, están no han rendido grandes frutos y las farmaceúticas continúan destinando grandes cantidades de dinero a las campañas políticas.

El ejemplo de los beneficios que se logran con esa inversión lo podemos encontrar en el reportaje de la cadena noticiosa británica BBC, publicado en julio de este año donde se exhibe el negocio de las farmacéuticas norteamericanas al comparar precios de las medicinas, por poner algunos ejemplos: un tratamiento contra la leucemia, denominado Gleevec, en Estados Unidos cuesta 70,000 dólares al mes, mientras en Colombia el precio es de 1,100; la insulina, medicina necesaria para millones de diabéticos, en Canadá tiene un costo de 38 dólares, en tanto que en EEUU supera los 200.

El sistema de salud es tan caro en EEUU que supera a cualquier otro país del mundo y los beneficiarios de esto son las empresas relacionadas con el sector salud y los políticos norteamericanos que reciben dádivas de ese sistema para poder preservar sus posiciones de poder.

Esto no es desconocido por los norteamericanos, pues sienten ese fenómeno en sus bolsillos y en el sacrificio de su forma de vida y ya los políticos empiezan a ver como este descontento popular puede afectarles y empiezan a tomar cartas en el asunto; así el gobierno actual está buscando como abaratar el costo de las medicinas a través de negociaciones con los laboratorios e investigaciones sobre cómo estos actúan para preservar los altísimos precios de las medicinas.

Pero es un hecho que la política norteamericana ha protegido a su mecenas, la industria farmacéutica, y sólo ahora que el país atraviesa una crisis social, en donde más del 12% de los norteamericanos se encuentran en la pobreza, muchos de ellos por causa de los gastos médicos que han tenido que erogar; es que tratan de encontrar soluciones, aunque me pregunto si no será ya demasiado tarde para el presidente Trump, cuando las elecciones para renovar su mandato se encuentran a la vuelta de la esquina. Y ¿acaso no será que esa lucha por modificar un sistema de salud a punto de estallar, sean sólo llamaradas de petate de la clase política?

Como quiera que sea, cuando vea usted un indigente en la calle, trate de comprender que hay un mundo de circunstancias fuera de control que han llevado a esa persona donde se encuentra.

Oscar Müller C. es abogado y columnista, puede ver sus artículos en:

www.oscarmullercreel.com

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