El buque Ypiranga se alejaba del puerto de Veracruz. De sus chimeneas brotaba el humo que producían las máquinas de vapor y, en la popa, un hombre que frisaba los 80 años miraba, con lágrimas en los ojos, la línea de tierra que se iba desvaneciendo en el horizonte. Durante tres décadas, su mano dura había dirigido a México y ahora, ese 31 de mayo de 1911, salía al exilio, sin saber que nunca más volvería a su patria a la que había entregado su vida.

El gobierno de Porfirio Díaz había sido autoritario e inclemente, pero había dado progreso a México: Industria, agricultura, ganadería, educación, cultura, comunicación y muchos otros signos de una nación creciente, habían transformado un México que, en sus primeros 60 años de vida, había estado envuelto en luchas internas y externas por el poder, en dos guerras, una contra Estados Unidos, que le había privado de la mitad de su territorio, y otra en la que el imperio Napoleónico le había impuesto el gobierno de un emperador extranjero.

Pero el progreso del porfiriato (como se ha llamado al período que gobernó en México), había tenido su precio, las políticas liberales habían creado grandes brechas entre las clases rica y la campesina y obrera, pero también la educación había logrado crear una clase media educada y consciente que sería la que al fin de cuentas se voltearía en su contra y provocaría una lucha armada de la que el exilio de Díaz fue apenas el comienzo.

Tres años antes, Díaz había sido entrevistado por James Creelman, un periodista estadounidense. El trabajo fue publicado en Pearson’s Magazine en marzo del 1908 y luego traducido al español y publicado en México por el periódico El Imparcial, parte de lo que Díaz dijo en esa entrevista y su posterior postulación para la presidencia en 1910, llevaron al movimiento armado que provocaría su renuncia al gobierno y la salida del país.

Algunas de las palabras de Díaz son tan actuales que las podemos aplicar a lo que sucede en México y los Estados Unidos, veamos cuáles fueron estas:

“… puedo con toda sinceridad decir que el servicio no ha corrompido mis ideales políticos y que creo que la democracia es el único justo principio del gobierno, aun cuando llevarla al terreno de la práctica sea posible sólo en pueblos altamente desarrollados”.

Creelman le dijo: “Es una creencia extendida la de que es imposible para las instituciones verdaderamente democráticas, nacer y subsistir en un país que no tiene clase media”.

La respuesta de Díaz fue directa:

“Es verdad, México tiene hoy una clase media, pero no la tenía antes. La clase media es aquí, como en todas partes, el elemento activo de la sociedad”.

“Los ricos están demasiados preocupados por sus mismas riquezas y dignidades para que puedan ser de alguna utilidad inmediata en el progreso y en el bienestar general. Sus hijos, en honor a la verdad, no tratan de mejorar su educación o su carácter. Pero, por otra parte, los pobres son a su vez tan ignorantes que no tienen poder alguno”.

“Es por eso que, en la clase media, emergida en gran parte de la pobre, pero así mismo en alguna parte de la rica, clase media que es activa, trabajadora, que a cada paso se mejora y en la que una democracia debe confiar y descansar para su progreso, a la que principalmente atañe la política y el mejoramiento general”.

“En otros tiempos no teníamos clase media en México porque la inteligencia y energía del pueblo estaban completamente absorbidas en la política y en la guerra. La tiranía y el desgobierno de España habían desorganizado la sociedad. Las actividades productivas de la nación fueron abandonadas por las luchas sucesivas, había una general confusión, en semejantes condiciones no podía aparecer una clase media»

“He esperado pacientemente porque llegue el día en que el pueblo de la República Mexicana esté preparado para escoger y cambiar a sus gobernantes en cada elección, sin peligro de revoluciones armadas, sin lesionar el crédito nacional y sin interferir con el progreso del país. Creo que, finalmente, ese día ha llegado”.

Las palabras de Díaz se pueden aplicar al México actual, la clase gobernante en mi país, no deriva de la clase media, sino de los hijos de quienes se hicieron ricos a través del abuso de los puesto públicos, ellos no pretenden mejorar las condiciones de su país, les interesa gobernar porque se consideran como la única clase con derecho a ello y se encuentran tan enfrascados en conservar sus privilegios que solo esto cuenta, el buscar mejores formas de distribución del ingreso, una correcta educación para hacer crecer al país o a salvaguarda de las clases desvalidas, son opciones de segundo término para ellos.

Pero las palabras de Díaz, también se aplican a lo que ha sucedido en EEUU, la clase media está dividida y vemos dos sociedades, una incluyente y respetuosa de los demás y otra racista, xenófoba, que desprecia a la mujer y que ahora tiene parte del poder en sus manos.

¿Acaso esta división de la sociedad estadounidense habrá derivado de una decadencia de la clase media?

Imagen destacada: El periodista James Creelman. Crédito: INAH

Pueden ver el video en que se comenta este artículo en YouTube buscando Oscar Müller Creel.

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