Crédito de fotografía fototeca nacional

“Onorúame (el padre Dios) se paró en la tierra y escupió Tesgüino (bebida de maíz fermentado) hacia las cuatro direcciones y cuando las gotas caían en la tierra brotaban los Rarámuri, como si fuesen plantas de maíz.”

Es así como los Raramuri relatan su creación, son una población que ha habitado desde tiempos ancestrales un territorio en el norte de México y que ha conservado en buena medida sus tradiciones a través de los siglos y a pesar de la influencia de la cultura occidental que les llegó desde época de la Colonia Española, sobre todo a través de las misiones católicas de los jesuitas; aunque esta influencia fue limitada, se presentó en su organización política pues adoptaron algunas de las formas de autoridad que vieron de los españoles; en su vestido, que lo cambiaron por aquel que les cubriera más el cuerpo, pues tradicionalmente, en época de calor, tanto hombres como mujeres solo cubrían la parte media de su cuerpo; en su vivienda, pues los instrumentos de hierro les permitieron trabajar con mayor precisión la madera y en su alimentación al adaptar vegetales y animales que llegaron desde Europa; sin embargo en su pensamiento y organización social se preservaron muchas de la características originales, como su cosmología, pensamiento y actitud respecto a la vida, esto quizá obedezca al hecho que al irse expandiendo la cultura occidental, los Raramuri fueron retirándose hacia los lugares más agrestes de las montañas de la Sierra Madre Occidental en el norte de México, en una región que abarca territorio de los Estado de Chihuahua, Durango, Sinaloa y Sonora y que es conocida como “Sierra Tarahumara”; esta preservación cultural asombró a Bennet y Zingg, antropólogos noruegos que estudiaron esta cultura durante principios de los años treinta del siglo pasado y se asombraron al encontrar que en muchas regiones se continuaba la tradición y forma de vida que habían practicado desde tiempos ancestrales.

En su estructura social, la mayor autoridad es el Siriame (Gobernadorcillo), quien preside todas las reuniones comunales, ya sean de carácter religioso, jurídico o agrario; los pueblos que están muy dispersos cuentan con dos o más gobernadores, pero siempre hay uno de mayor jerarquía. El Sirame puede ser varón o mujer, pues es electo de acuerdo a sus cualidades como persona; también cumple funciones de mando, seguridad pública, impartición de justicia y transmisión de los valores más altos de la cultura Rarámuri, como la lengua y el Korima.

Elisa Loncon, refiere como en esta cultura el conocimiento se trasmite a los menores a través de la observación y la convivencia, en lo que tienen especial importancia juegos de imitación o de destreza. Desde los nueve años de edad ya deben realizar labores agrícolas y las mujeres deben conocer los trabajos domésticos, de ahí que, desde su pubertad pueden unirse a una pareja. La forma más adecuada de educación es aquella a través de la cual aprenden a vivir en el Korima y parte de la transmisión de este conocimiento se realiza por pláticas privadas con el Siriame, la cultura se trasmite también a través de la predica que realiza el Siriame en las reuniones de la comunidad que generalmente se realizan los domingos o días festivos religiosos, cuando diversas comunidades dispersas en las montañas se reúnen en la población en que exista un templo católico, estos sermones suelen referirse a las reglas de convivencia que les han gobernado desde antes de la llegada de los españoles, como la forma como deben unirse las parejas, el respeto que debe existir entre ellos, las reglas para distribuirse las herencias y la necesidad de llevar la vida a través del camino bueno al que ellos denomina Korima.

Su forma de propiedad es comunal y privada, tienen terrenos que pertenecen a toda la comunidad y que explotan agrícolamente en común, pero también suelen tener propiedad exclusiva, en rebaños de animales y en sus pertenencias personales y del hogar.

Su creación, antes descrita, la celebran mediante Tesguinadas, que son reuniones sociales en las que festejan también algún acontecimiento como boda o bautizo, así como la cosecha comunal; al inicio de cada Tesgüinada, el médico o sacerdote a quien denominan Owirúame (el que hace la medicina) se dirige al centro del patio comunal y escupe Tesgüino hacia las cuatro direcciones, para recordar la creación de su pueblo; en algunos ritos, hacen también uso del peyote (Hikuri) y otros alucinógenos. En sus ceremonias utilizan un instrumento musical de madera que se raspa rítmicamente, llamado Si´pame.

El Korima, representa el llevar la vida por el camino correcto, de acuerdo a los valores propios de su cultura y cuando esto se trasgrede, conlleva el modificar la conducta para encontrar el camino bueno; significa también el compartir, que es una idea difícil de entender en la cultura occidental que se basa en la propiedad individual, pero que para ellos implica el que cuando un miembro de la comunidad tiene carencias debe compartirse con él, lo que es entendible dentro de un sistema de propiedad comunal como el de ellos.

El Korima, en relación con la divinidad, implica situaciones como el no ver en forma irrespetuosa al sol y la luna pues se pueden apagar por tristeza o si se caza un animal nunca se debe dejar con el vientre hacia arriba, pues significa una falta respeto al sol. Los valores principales del Korima, son la obediencia, el respeto, la diligencia, serenidad y trabajo de la tierra, el ser pacífico y alejarse de los conflictos.

La cultura Raramuri, ha sufrido embates desde la colonia por parte de la explotación minera que fue invadiendo sus territorios; en el siglo XX, se agregó a esto la industria forestal y en el presente la turística, estas actividades han penetrado cada vez más los territoritos de las montañas de la Sierra Madre en donde esta civilización tenía sus últimos reductos, obligándoles a emigrar a los centros de población y asimilándoles a la cultura occidental, a la que despectivamente han denominado chabochi (con pelo en la cara).

Es poco el tiempo que le queda a esta hermosa cultura que deriva de los tiempos en que los primeros humanos llegaron al continente americano, sirva entonces esta columna como una forma de homenaje a la misma y a todas aquellas culturas de nuestro continente que se han ido extinguiendo con el tiempo por la invasión de la civilización occidental.

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