Las manifestaciones de decenas de miles de personas en las ciudades, a lo largo y ancho de la Unión Americana, reflejan el malestar que ha traído a la sociedad no tan solo el ascenso de Donald Trump a la presidencia de ese país, sino el proceso que llevó a esto.

La manifestación es una forma de ejercer el derecho a la libre expresión de las ideas, que se deriva de la Primera Enmienda de la Constitución Norteamericana y, en estos días, ese derecho ha sido ejercido por multitudes que solo han encontrado esa forma de expresar su inconformidad por las fallas que se han presentado en el sistema político de ese país.

Las trampas del Partido Demócrata para favorecer a la Señora Clinton y sacar al Senador Sanders de la jugada; los escándalos sobre los correos electrónicos y las relaciones de la candidata demócrata con las élites del poder económico, fueron alejando a los votantes del partido en mención, por otro lado, el descontento de la comunidad, hacia un sistema político que se le había distanciado y la aparición de un sujeto que se incrusta en el Partido Republicano y representa ese alejamiento de la desprestigiada clase política, fueron los ingredientes con los que se coció el caldo de la situación actual de ese país.

Los disconformes se manifiestan y son muchos, pues surgen de más de la mitad de esa parte de la sociedad que decidió no votar o votar en contra de Trump, pero no puede soslayarse que la otra mitad del país si decidió elegir a ese candidato para que fuese su representante.

Bien o mal, la decisión está tomada y quienes, durante ocho años, tuvimos la esperanza de que la permanencia de un hombre de piel morena en la Casa Blanca, fuese el inicio de un cambio hacia la tolerancia y el respeto por las diferencias étnicas, hemos visto desvanecerse esa ilusión, pues el discurso de odio racial, la misoginia y la y xenofobia, ahora han sido adoptado como parte del diario actuar en ese país.

Las noticias que nos llegan son tristes, una joven estudiante norteamericana de origen latino, fue insultada por su profesor al acusarla de plagio, por utilizar, en un ensayo, una palabra que, de acuerdo al criterio del maestro, no podía estar dentro del vocabulario de un hispano. Unos niños en una secundaria en Royal Oak Michigan, fueron agredidos verbalmente por sus compañeros, con coros de gritos que decían “construyan el muro”, uno de los jóvenes lo grabó y lo subió a su muro de Facebook, los comentarios que ahí se observan son, en su gran mayoría, reprobatorios de esa conducta, pero también mencionan, con razón, que eso fue aprendida de sus padres. Es decir, los niños han absorbido el racismo y la intolerancia de quienes deben formarlos, pero ¿Qué ha despertado en esos padres ese sentimiento?

WASP (blancos, anglosajones, protestantes), por sus siglas en inglés, es el pensamiento que me viene a la mente. La creencia que los Estados Unidos es propiedad de quienes reúnen esas características y que solo ellos tienen el derecho de controlar los destinos de ese país, son ellos ahora lo quieren retardar siglo y medio en sus avances. Ejemplo de este pensamiento se dio en la sentencia emitida en 1857, por la suprema Corte de Estados Unidos, en el caso Red Scott contra Sanford, siendo presidente de la misma el Juez Robert Taney, que ha quedado como un estigma para su historia, pues en ella se decidió que las personas de color, aunque fuesen libres, no podían tener los mismos derechos de un ciudadano, en razón del color de su piel, y que esto era así, pues cuando la constitución se elaboró, la idea del estatus de ciudadano era respecto de los hombres blancos libres en aquel tiempo.

Ese pensamiento, que llevó a una guerra fratricida en la que más de un millón de norteamericanos murió. Ahora parece que los sentimientos de odio e intolerancia, han despertado, pero es en pocos y corresponde ahora a las mayorías que prefirieron callar frente a un sistema de elecciones que les quitó sus opciones, volver a hablar y defender los principios de igualdad y respeto, que, durante siglo y medio, han sido el elemento que ha hecho de Estados Unidos una gran nación, en la que la gente buena es la gran mayoría, la que unida por el respeto y la solidaridad, podrá sobreponerse.

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