El joven de color Emmett Till había viajado desde Chicago a Money, Mississippi, aquel caliente verano a visitar a sus parientes; pero no volvería vivo a la ventosa de Illinois, pues en una tienda, una joven blanca se quejó que aquel adolescente le había silbado en forma ofensiva y dos sujetos blancos decidieron tomar justicia por propia mano. Secuestraron al adolescente y le dieron una paliza tal que le quebró huesos del torso y la cara, dejando esta totalmente marcada, luego le dieron un tiro y arrojaron su cadáver al río Tallahatchie; aquel, triste 28 de agosto de 1955.

Al funeral del joven en Chicago, asistieron más de 50,000 personas que tuvieron la oportunidad de ver, en el ataúd, el rostro mutilado de la víctima y, una fotografía que se publicó en la revista “Jet”, presentó esta misma visión a miles de personas más, causando una gran indignación popular.

Se marca este acontecimiento como el nacimiento de la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos en los Estados Unidos, un movimiento social, en su mayoría caracterizado por una resistencia pacífica que imitó los parámetros que Gandhi utilizó en la India.

El movimiento duró 13 años, durante los cuales los afroamericanos y sus simpatizantes, lucharon contra la discriminación que habían sido objeto desde el final de la Guerra Civil suscitada cien años antes.

Muchos líderes surgieron durante este movimiento, destacan: Rosa Parks, Malcom X y Martin Luther King, que es precisamente a quien dedico estas letras y en especial al discurso que este líder social pronunció en el noveno aniversario del asesinato del joven Till, en la Capital Norteamericana, precisamente frente el monumento de Abraham Lincoln y con vista hacia el Obelisco de Washington, simbolismo que no puede dejarse a un lado, pues formó parte de la disertación de Luther King.

Este análisis encuentra apoyo en el trabajo realizado al respecto por Carlos Páez.

Con la habilidad de orador que le caracterizaba, Luther King establece desde el inicio el tema sobre el que versará su pieza oratoria, al decir:

Hace años, un gran estadounidense (Abraham Lincoln), desde cuya simbólica sombra hablamos hoy, firmó la Proclamación de la emancipación. Este decreto llegó como una luz realista de esperanza a millones de esclavos negros que se encontraban expuestos a las llamas de una injusticia denigrante. Llegó como un amanecer para a acabar con la larga noche de su cautiverio.

Conociendo que se encontraba frente un grupo de capacidad intelectual muy disímbolo, decide utilizar la alegoría como parte de su mensaje, a través de imágenes entendibles fácilmente y así menciona:

De alguna manera hemos venido, a la capital de nuestra nación para cobrar un cheque …. Los Estados Unidos de América le han dado a la población negra un cheque malo; un cheque que nos han devuelto con el sello Fondos Insuficientes.

Este uso del cheque sin fondos refleja el sentimiento propio de una sociedad con profundas raíces mercantiles, en la que el cumplimiento de los tratos es algo esencial para el correcto desenvolvimiento de las transacciones, de ahí que el discurso involucra el valor de la honestidad en los tratos comerciales y el antivalor de estos, reflejado en el instrumento de pago carente de fondos. En pocas palabras, significa que la emancipación que se otorgó a los esclavos 100 años antes, había sido una promesa incumplida y, por consecuencia, un engaño persistente.

El discurso de Luther King, utiliza también un elemento de motivación a los oyentes al ubicarlos en la realidad de segregación que vivían los afroamericanos, cuando describe las incomodidades del viaje hacia Washington que muchos de ellos habían realizado, refiriendo:

No podemos alojarnos en los moteles de las carreteras y en los hoteles de las ciudades; el afroamericano de Mississippi no puede votar.

Después en su discurso vuelve a la metáfora, cuando menciona:

Pero nos negamos a creer que el banco de la injusticia está en bancarrota.

Con esto plantea que existen soluciones a la situación de discriminación que se vive, volviendo a la alegoría del cheque sin fondos.

El elemento de la Desobediencia Civil que los líderes del movimiento querían inculcar en sus seguidores, se refleja en el siguiente párrafo:

Siempre debemos conducir nuestra lucha en el alto plano de la dignidad y disciplina. No podemos permitir que nuestras propuestas creativas degeneren en violencia física. Una y otra vez debemos elevar las miras para enfrentar la fuerza física con la fuerza del alma.

El movimiento pugnaba por la igualdad entre los hombres, la que había sido el elemento motivante del Acta de Independencia de ese país, que es representada por una nueva alegoría, en la que forma parte esencial la Campana de la Libertad; lo que hace con las siguientes palabras:

Cuando permitamos que suene la campana de la libertad, cuando la dejemos sonar en cada pueblo o caserío; en cada estado y ciudad, seremos capaces de acelerar la llegada del día en que todos los hijos de Dios: negros, blancos, judíos, protestantes, laicos y católicos podrán estrechar sus manos y suscribir las palabras del viejo grito Negro: ¡Libres! ¡Por fin Libres!

Con eso concluye uno de los discursos más importantes de la historia de Estados Unidos, palabras que abrieron, al menos en el papel, la vida a los afroamericanos en un mundo en que la segregación no fuese la pauta que caracterizaba la discriminación de esa sociedad.

Así como la muerte del joven Till marcó el inicio de la Lucha por los Derechos civiles y contra la segregación y la discriminación en los Estados Unidos, otra muerte marcó la conclusión de ese movimiento: el 4 de abril de 1968, Martin Luther King, fue asesinado afuera de su domicilio.

Valgan estas líneas en reconocimiento de uno de los grandes líderes de la lucha contra la discriminación que hemos tenido en los últimos cien años, con la tristeza que este antivalor persiste en las sociedades actuales.

Ofrezco una disculpa a los lectores por el uso de la palabra negro en esta aportación, lo que hago en aras de preservar la integridad del discurso del Reverendo Luther King.

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