Las paredes se movían como si un gigante estuviera jugando con ellas. La mujer, asustada, despertó a su esposo y ambos salieron de la casa recogiendo las pocas pertenencias de valor que pudieron, ya afuera, vieron como dos de las paredes y el techo se derrumbaban, mientras sus vecinos, en las mismas circunstancias, observaban, en una mezcla de desesperación y tristeza, como sus casas eran también destruidas o, en el mejor de los casos, dañadas.

Súbitamente un fuerte estruendo se escuchó y todos corrieron hacia el templo, solo para ser testigos de cómo la hermosa cúpula se había derrumbado sobre el altar y el frente del presbiterio.

Los terremotos dejaron a muchas familias sin hogar.

El terremoto que azotó a Santiago de Niltepec, en el Estado de Oaxaca, en México, aquel 7 de septiembre de 2017, causó graves daños en la población, pero no era la única sorpresa que se llevarían los habitantes de la región, pues cinco días después un nuevo movimiento telúrico aumentó el daño a las precarias viviendas del pueblo; 4 de cada 5 casas quedaron inhabitables o definitivamente destruidas.

El gobierno mexicano utilizó el FONDEN (Fideicomiso del fondo para desastres naturales) y envió ayuda a la región, ya fuera entregándoles un fondo aproximado a los 6000 dólares a los más afectados o construyendo viviendas a través de empresas constructoras.

Pero se presentaron dos problemas: las casas se construyeron sin atender a las necesidades climatológicas del lugar y con materiales agresivos al medio ambiente, como paredes de bloc de concreto, multipanel y varilla de acero y, por otro lado, la distribución de los fondos tuvo que atravesar procesos que llevan a caminos de corrupción y criterios políticos y así una parte del dinero se fue a pagar burócratas y dádivas y el resto se distribuyó preferentemente a aquellos que simpatizaban con el partido político en turno.

Al lugar llegó VACA, una organización sin fines de lucro, compuesta de jóvenes voluntarios, la mayor parte de ellos arquitectos o estudiantes de la carrera, su intención es ayudar a las comunidades de escasos recursos en sus problemas de vivienda y ofrecieron ayuda a los habitantes de Niltepec.

Pero esa ayuda estaba condicionada, los habitantes del lugar que se unieran debían participar en el proyecto y la construcción. En un principio 20 familias aceptaron, pero poco a poco se fueron inclinando hacia la solución más sencilla de los subsidios del gobierno y al final, solo quedaron cinco de ellas.

Se inició desarrollando el proyecto de la construcción, atendiendo a las necesidades específicas de cada familia y el estudio, por parte de los arquitectos, de las técnicas de construcción propias de la región, utilizadas desde tiempos ancestrales.

Se eligió el terreno de acuerdo con su orientación al sol y los vientos dominantes, así como la sombra que llegaba de los árboles y se marcó con cal como quedaría la casa y así cada familia pudo hacerse una idea de la habitación que se elaboraría, proponiendo modificaciones.

Se continúo con una variante a las técnicas de construcción nativas, pues se hicieron cimientos de piedra que tenían dos finalidades: crear una base que diera firmeza y flexibilidad a las paredes y techo y evitar que la humedad llegase a los muros.

Los muros se hicieron de lodo batido mezclado con fibras vegetales oriundas del lugar y prensado, que es la forma de construcción de la región y los techos se hicieron dobles, el que está directo sobre los muros con una técnica de vigas y tablados que son cubiertos de tierra y sobre este techo se elaboró otro con láminas de metal (uno de los pocos materiales llevados de fuera), con esto se lograron dos objetivos: proteger el primer techo de las lluvias y lograr sombra continua sobre este, para preservar la frescura del interior.

En los muros se hicieron ventanas orientadas de tal forma que permiten la circulación del aire fresco. También se hicieron dos instalaciones muy importantes, dado que los habitantes de la región suelen cocinar con leña, un fogón de alto rendimiento, diseñado para aprovechar al máximo el calor del fuego y con tiro que evita la acumulación del humo dentro de la vivienda, eliminando así un factor que causaba daños a la salud en las construcciones anteriores.

Otra novedad fue que los sanitarios son de composta, a través de una técnica que permite procesar, mediante la descomposición natural, los desechos tanto sólidos como líquidos, los primeros se aprovechan como abono para los huertos y plantaciones y los segundos para riego.

El proyecto duró cuatro meses y cabe destacar que los voluntarios de VACA, aportaron una cuota que permitió alimentar a los participantes durante ese tiempo, tanto a la gente de la asociación como a las familias que estaban involucradas en la construcción.

La intervención de mujeres, niños y diversas preferencias, crearon en la comunidad un sentimiento de aceptación y respeto.
La intervención de mujeres, niños y LGBTTIQ, crearon en la comunidad un sentimiento de aceptación y respeto.

Otro aspecto que se destaca es la participación de todos los géneros incluyendo mujeres y niños, en todo el proceso de construcción y esto permitió conocer las técnicas aplicadas, lo que facilita que en el futuro los participantes de la región arreglen los desperfectos que pudieran surgir y que, ese conocimiento de la construcción ancestral, no se pierda y se trasmita a las generaciones futuras.

Un grupo de soldados veían con espanto el daño que la Segunda Guerra Mundial había causado en Europa y decidieron formar una organización que ayudase a reconstruir la vivienda en esa región. Bajo el liderazgo de su fundador Peter Elderfield, la organización ha crecido y ahora se llama World Habitat y trabaja en conjunto con la Organización de las Naciones Unidas a través del programa ONU-Habitat y cada año entregan un premio a los proyectos que promueven las buenas prácticas de vivienda.

El trabajo realizado por los jóvenes arquitectos mexicanos en Niltepec, fue reconocido por esas asociaciones internacionales con el Premio de Bronce; lo que debe enorgullecernos como latinos, pues entre los proyectos desarrollados en todo el mundo, la labor altruista de esos jóvenes voluntarios ha sido reconocida como ejemplo.

En hora buena para los participantes de ese proyecto tanto los propios de la comunidad de Niltepec, como a los dirigentes del proyecto y los voluntarios que, en forma desinteresada, participaron en una labor que definitivamente es para tener un mundo mejor.

Pero VACA no vive de aire, el proyecto no tiene ánimo de lucro ni pretende ser una empresa que cree otro beneficio que la ayuda a las comunidades pobres para que aprendan técnicas de construcción que permitan tener espacios habitables amables con el medio ambiente y su cultura ancestral.

Es una gran variante al asistencialismo gubernamental que siempre se utilizará con fines políticos y que poco beneficia a las comunidades. Proyectos como el relatado da un valor agregado a la gente, la capacidad de construir sus propios espacios y el orgullo de saberse útiles.

Por eso invito a mis pocos, pero apreciados lectores, que si desean colaborar con ese proyecto acudan a la dirección https://www.programavaca.org.mx/, donde podrán maravillarse de todo lo que han hecho estos jóvenes y cooperar con ese loable esfuerzo con una donación.

Voy a tomarme un descanso y estaré con ustedes a partir de la segunda semana de enero, mientras tanto les deseo que el despertar de la naturaleza que viene el año entrante los acompañe en su búsqueda del bienestar para sus familias y ustedes.

Feliz Navidad y Año nuevo.

Crédito de las imágenes: Programa Vaca y Arturo Gómez

Share this:

Comentarios

Comentarios