Los tres candidatos a la presidencia de México, se encontraban ante la prensa, en una reunión que tenía por objeto ponerse de acuerdo en el cuándo y cómo se realizaría un debate entre ellos. Corrían las elecciones del año 2000 y Francisco Labastida, Cuauhtémoc Cárdenas y Vicente Fox, rendían declaraciones sobre el tema, los dos primeros fijaron un viernes como día para el encuentro, pero Fox, insistía que el debate debiera realizarse en ese momento, de ahí surgió el slogan que le identificó: “hoy, hoy, hoy”. No fue el único desplante del señor Fox durante esa campaña, los insultos a sus contrincantes, eran continuos, en diversas ocasiones se refirió a Labastida, como “mariquita”, “chaparro”, “la vestida” y otros epítetos; en sus participaciones, proponía soluciones imposibles de lograr, pero, a pesar de esto, convencía a la gente y logró arrasar en las elecciones.

En aquel entonces, me causaba asombro como un fanfarrón y mentiroso de esa medida, podía convencer a los votantes, pero el tiempo me dio la respuesta: México quería un cambio, el sistema político prevaleciente hasta esa fecha, se había volcado hacia la corrupción en forma alarmante, los mexicanos solo habíamos tenido de una sopa: PRI, el partido que durante setenta años había conservado el poder de gobernar tanto en la Federación como en los Estados y ahora, se presentaba una nueva opción.

Estimo que el deseo de la sociedad mexicana, de romper con los lazos que, durante décadas, le habían tenido atada, venció a la prudencia y a la objetividad en el proceso democrático y el tan esperado cambio se dio para mal, lo que Fox tuvo presuntuoso en la campaña, lo tuvo de ineficiente como gobernante. Si algo fue rescatable se lo debemos a la intervención de personas valiosas y bien intencionadas, que lograron algunos cambios, como el sistema de transparencia gubernamental, la Secretaría de la Función Pública, una prensa más libre, así como una administración menos deshonesta, aunque no exenta de corrupción.

sartori
Los estudios sobre sociedad y política del señor Sartori, le hicieron merecedor del premio Príncipe de Asturias en el 2005.

El politólogo Giovanni Sartori, elaboró un análisis de lo sucedido con las democracias de Europa del Este, tras la caída del muro y décadas de control del poder por facciones refractarias a la apertura; refiere como surgieron líderes que, para vencer esa inercia de poder, tuvieron que prometer avances imposibles de lograr y, al llegar al gobierno, fracasaron, como era lógico; esto trajo como consecuencia que la sociedad volviese a lo que había antes y, hasta la fecha, ese estreno de la democracia, ha traído altibajos políticos para esos países.

Eso es el reflejo de lo que ha pasado en México. Después de doce años de PAN y los fracasos de sus gobiernos, la sociedad aplicó el refrán de “más vale malo conocido, que bueno por conocer” y eligió a un gobierno Priista, que no solo no ha dado los resultados esperados, sino que ha empeorado: la corrupción volvió por sus fueros con un ímpetu desbordado, lo mismo ha sucedido con la pobreza  y la indebida distribución de la riqueza; en el ámbito de combate al crimen, la impunidad ha crecido y, aún peor, las violaciones a Derechos Humanos se ha acrecentado al grado de llamar la atención de los organismos internacionales, desprestigiando al país por las constantes denuncias de tortura, desapariciones y ejecuciones extrajudiciales.

Estados Unidos, presenta una situación similar a la que vivió México hace 16 años, la sociedad está harta del sistema. Un joven estudiante lo expresó en forma muy clara al comparar a la propuesta que ha brotado de los partidos políticos, como aquel monstruo de dos cabezas, de las que tienen que elegir una, pero sin que deje ser aquello que la sociedad repudia.

Donald Trump representa esa supuesta opción para los electores estadounidenses, alguien que se aleja de los parámetros políticos hasta ahora ofrecidos a la sociedad norteamericana y que, para muchos, es una solución para dar un vuelco a las políticas que han venido minando a la clase media, en beneficio de los grandes capitales.

En las actitudes y fanfarronería del Sr. Trump, encuentro mucha correspondencia con la figura de Vicente Fox en aquellas elecciones del año 2000, en México. Las promesas de lo incumplible presentan una propuesta de un presidencialismo todopoderoso, que no existe en Estados Unidos y que las vuelve absurdas, los insultos a su contrincante, las mujeres y diversos grupos étnicos, son constantes en su campaña. Sin embargo, muchos votantes se vuelcan, en forma casi fanática, hacia esta opción de cambio a lo establecido, con el riesgo que suceda lo que ya aconteció en las incipientes democracias de Europa del Este y México.

El sistema político de norteamericana, se encuentra frente a aguas turbulentas y la experiencia democrática de su sociedad, deberá ser el puente que le ayude a cruzar estas.

P. D. Vicente Fox ha anunciado que realizará una gira por los Estados de Texas, California y Florida, para desalentar el voto a favor del Sr. Trump. Estoy seguro que la memoria de los desplantes y mal gobierno del expresidente mexicano, serán el mejor ejemplo para lograr dicho objetivo.

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