El gobierno de Estados Unidos, representado por el fiscal James Lewis, argumenta que los actos de difusión de información cometidos por Assange, son actos puramente criminales, que no caen dentro de la labor periodística, que la información que difundió puso en riesgo la vida de informantes del gobierno de EEUU y que alentó y ayudó a a Bradley Manning a disponer de la información de inteligencia que tenía el ejército norteamericano.

Por su parte, el defensor Edward Fitzgerald argumenta que el caso contra Assange tiene motivaciones políticas y que el precedente que se sentase daría bases para atacar la labor del periodismo a través de la Ley de Espionaje que quiere aplicar Estados Unidos en este caso.

 

La defensa se apoya para calificar el proceso de extradición como político, en el hecho que el presidente Donald Trump, ofreció a Assange cesar en su empeño si declarase que la difusión de información de correos y documentos del partido demócrata y la señora Hillary Clinton, que dio a conocer WikiLeaks en 2017, no tuvo su origen en Rusia y parece ser que existe un testigo de calidad sobre esto que es el ex congresista republicano Dana Rohrabacher, quien no ha negado el haberse entrevistado con el acusado, pero si el que esa entrevista hubiese derivado de una petición del presidente Trump.

Pero otro aspecto que se presenta para calificar el caso como persecución política, lo encontramos en lo acontecido con Chelsea Manning, quien fuera oficial del ejército norteamericano durante la Guerra de Irak (2003-2011) y que en el 2010, proporcionó información a Assange respecto a los abusos del ejército estadounidense, de la que se desprendió el ataque indiscriminado a civiles y la tortura ejercida por miembros del ejército iraquí, soportada e instigada por el país norteamericano.

Chelsea, quien en aquel tiempo tenía identidad varonil y se llamaba Bradley, fue detenido durante 10 meses en Kuwait y luego trasladado a Estados Unidos, donde fue juzgado y sentenciado, en 2013, a 35 años de prisión. Durante su juicio nunca negó haber proporcionado la información a WikiLeaks, pero siempre argumentó que lo había hecho como un acto de conciencia cívica al considerar que el gobierno de su país estaba obrando en contra de los principios que rigen a la sociedad norteamericana  y expuso que antes de trasmitir la información a WikiLeaks, acudió a los periódicos Washington Post y New York Times, los que se negaron a hacerla pública.

El encarcelamiento y juicio de Manning fue muy criticado por los medios estadounidenses e internacionales, tanto por las características degradantes del mismo, como por constituir esto un ataque a la libertad de expresión. Unos días antes de su salida de la presidencia Barak Obama, otorgó el perdón a Manning, sobre la base que había expresado arrepentimiento y que llevaba ya siete años en prisión por un delito (hacer pública información clasificada por motivos de conciencia) que en la práctica implicaba una pena máxima de 3 años y así, Chelsea abandonó la prisión el 20 de mayo de 2017.

Poco le duró la libertad a Manning, pues en marzo de 2019, un mes antes que Assange fuera detenido por el gobierno inglés y bajo el argumento que se ha negado a colaborar con un jurado secreto que está investigando el caso contra el fundador de WikiLeaks, que pretende que se desdiga de sus anteriores declaraciones y acepte que fue a instancias de Assange que proporcionó la información, fue a prisión de nueva cuenta.

Se puede observar que si la defensa comprueba que a Assange se le ofrecieron beneficios si negaba la intervención de Rusia en la filtración de 2016 y los hechos relacionados con la persecución contra Chelsea Manning, el argumento de la defensa sobre la motivación política de la solicitud de extradición del gobierno estadounidense será indudable y los jueces ingleses deberán negar la entrega solicitada.

Pero hay otro aspecto a considerar, si se pretende enjuiciar a Assange por haber dado a conocer la información filtrada y envolverse en la complicidad en el uso de datos secretos extraídos sin autorización ¿Qué sucederá entonces con todos los periodistas y medios de comunicación que repitieron dicha información y con aquellos que cooperaron con WikiLeaks en cada uno de los casos que se dieron a conocer?

Entre estos medios se encuentran el norteamericano New York Times, el francés Le Mond. El español El País, el inglés The Guardian y el alemán Der Spiegel.

El renombrado Juez español Baltazar Garzón, quien ahora está participando en la defensa de Assange, ha mencionado que lo que Estados Unidos pretende es blindar su sistema de inteligencia contra el periodismo y la pregunta que brota es ¿si ya lo ha logrado? Pues en Estados Unidos los grandes medios como son El Washington Post y el New York Times, han sostenido una prudente distancia respecto al ataque a la libertad de expresión que se está gestando por el gobierno de su país en contra de Assange y Manning.

Otro aspecto a considerar es el de la reciprocidad que consiste en que un país puede negarse a la extradición cuando el país solicitante no ha correspondido en situaciones similares y esto se ha presentado entre Estados Unidos e Inglaterra, con el caso de Anne Sacoolas, esposa de un diplomático estadounidense que fue acusada por la muerte de un joven británico en un accidente de tráfico en que la señora conducía en el lado equivocado de la carretera, ella evadió su responsabilidad huyendo a Estados Unidos y desde entonces ha argumentado inmunidad diplomática y su país le ha negado la extradición a Inglaterra. La familia de Harry Dunn, el joven muerto en el accidente, ha hecho ver como la solicitud del gobierno de Trump sobre Assange, es un acto de hipocresía.  

Se espera que la siguiente audiencia en el caso de la extradición de Assange será en mayo, cuando las partes tendrán oportunidad de desahogar sus pruebas, estaremos pendientes de lo que suceda, en este caso en que la libertad de expresión y la prensa libre, se enfrentan ante el autoritarismo del gobierno de Donald Trump.

 

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