Cuanta más gente conviva, mayor necesidad de normas que regulen la vida social; una comunidad con pocos individuos, como lo sería una tribu, requiere de pocas reglas para garantizar su supervivencia. Pero al irse diversificando las actividades y creciendo las comunidades, las reglas de convivencia crecerán. Así de una comunidad recolectora a una sociedad agrícola que realiza cultivos y cría de animales domésticos, hay una gran distancia en cuanto a la normas sociales, en la segunda el hecho de tener garantizada la supervivencia implica el crecimiento de la población y con esto le diversificación de las funciones: quienes se dediquen al cultivo o la cría de animales; los que trabajan la madera o la arcilla, los que funden el metal y elaboran herramienta, aquellos que extraen da la tierra lo necesario para elaborar herramientas o los que construyen edificaciones.
La lista es tan extensa que en una sociedad actual sería prácticamente imposible enumerar al detalle las diversas actividades a que nos dedicamos y en la misma proporción crecen las normas que van regulando las distintas facetas del convivir en sociedad.
Siempre existirán conflictos en nuestra relación con los demás, parece ser que es propio de nuestra naturaleza y de ahí la necesidad de normas que nos indiquen cual debe ser nuestra conducta en relación con los demás; esas reglas a las que, en términos muy genéricos, denominamos leyes y así como hay especialización en la innumerable cantidad de actividades que se desarrollan en la sociedad moderna, el manejo del Derecho no escapa a este fenómeno, de ahí la necesidad de la existencia de personas que se dediquen a esa actividad, que pueden ser abogados, jueces, fiscales, defensores, fedatarios, etcétera.
Los abogados no siempre han sido bien vistos por la comunidad y, en muchos casos, con razón, pues lo que está en sus manos son valores muy apreciados por la persona, como la familia, el patrimonio, la libertad en sus múltiples facetas desde el pensamiento hasta la movilidad y en el manejo de esos valores se pueden dar errores y también conductas indebidas.
En los primeros tiempos de nuestra vida colonial se restringió el actuar de los abogados, por Carlos I de España, que emitió diversos decretos en ese sentido, considerando que los abogados eran proclives a provocar y perpetuar los pleitos ante los tribunales y se buscaba una justicia rápida y de “buena fe”; lo que claramente no prosperó, por los motivos antes referidos en relación con la complicación del sistema legislativo que crece junto a la sociedad y quienes más sufrieron de estas prohibiciones fueron las comunidades indígenas, que sufrieron los abusos de los titulares de las encomiendas, a grado tal que se creo una figura Protector de Naturales, que eran precisamente expertos en derecho.
La búsqueda de esa justicia simple y de buena fe fracasó pues el desconocimiento de las leyes y la naturaleza de los procesos judiciales, aunado a falta de objetividad de quien alega en su propia causa, fueron circunstancias más que suficiente, para que los abogados volvieran al sistema de justicia de la Nueva España.
El principal problema de un sistema de justicia que dirime las controversias entre los individuos y las instituciones, es que: al polarizarse las posiciones de las partes en conflicto, el resultado no gustará a alguna de estas y en muchas ocasiones a ambas. Hay que agregar que los sistemas judiciales suelen ser sumamente complejos y llenos de formalidades, con lo que se trata de encontrar la mejor justicia posible, haciendo a esta tan complicada, que los pleitos pueden eternizarse, con el consecuente desprestigio de abogados y jueces.
A pesar de esto los abogados y los jueces somos necesarios en una sociedad donde la misma complejidad de la convivencia acarrear complejidad en los sistemas legales y de justicia, la especialización propia de nuestra moderna sociedad que también en este aspecto de la vida se refleja.
Llama la atención que la polémica sobre los abogados en el sistema judicial ha renacido gracias a la Ministra de la Suprema Corte de Justica de México, quien ha propuesto excluir a los abogados del sistema judicial, proponiendo que con formatos sencillos y de acceso a la comunidad, sea el ciudadano común quien promueva los juicios.
La propuesta de la ministra exhibe de nueva cuenta, su desconocimiento de la ciencia jurídica, la historia y el funcionamiento de un sistema de justicia y estaría destinada al fracaso confirmando que quien desconoce la historia esta expuesto a repetir los errores.
De algo estoy seguro, si tuviese un pleito legal no escogería a la licenciada Batres para defender mi causa.